Esther Díaz

ESTHER DÍAZ

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Fascículo 17, Sexo virtual, de la colección “Educación Sexual”, de Página 12, del 12-02-07

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Esther Díaz

Doctora en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Directora de la Maestría “Metodología de la Investigación Científica Científica” y del Centro de Investigaciones en Teorías y Prácticas Científicas del Departamento de Humanidades y Artes Universidad Nacional de Lanús. Ha sido profesora Titular regular de “Introducción al Pensamiento Científico”, Departamento de Pensamiento Científico, del Ciclo Básico Común de la UBA, entre otros cargos. Es autora de numerosos artículos, ponencias y libros entre los cuales figuran: Posmodernidad, (Biblos, 1999), La sexualidad y el poder, ( Almagesto, 1993), La filosofía de Michel Foucault, (Biblos, 1995), Buenos Aires, una mirada filosófica. (Biblos, 2001), El himen como obstáculo epistemológico. Relatos sexuales de una filósofa, (Biblos 2005).

 

¿Todo es sexo ahora?

El sexo es constitutivo de nuestra subjetividad. La primera pregunta que surge cuando se sabe que una mujer está embrazada es si es nena o nene. El reconocimiento social y personal surge desde la genitalidad primero, y la sexualidad luego. La genitalidad es la determinación biológica del sexo. La sexualidad es una construcción subjetiva y social, a partir de la identificación con uno de los dos géneros sexuales hegemónicos o con géneros alternativos, independiente de los órganos sexuales con los que se  nació. Actualmente las imágenes eróticas televisivas, ciertas voces y músicas que surgen de los medios, los afiches callejeros, las líneas calientes, los intercambios por internet, las vestimentas sugerentes, los sobrentendidos y la proliferación de referencias sexuales en casi todos lo ordenes sociales  parecen habernos arrojado a una especie de pansexualismo o inflación de la sexualidad. Sin embargo, este innegable fenómeno obsceno no es un invento posmoderno. Su origen, fundamento y desarrollo comenzó en plena madurez de la modernidad. Nosotros, simplemente, asistimos a su consumación. Y como sabemos, lo que se consuma, se consume.

 

La sexualidad: una estrella apagada

El deseo, en sí mismo no tiene objeto, simplemente desea. Pero cuando se quiere ejercer dominio sobre los cuerpos o la vida de las poblaciones, se codifica el deseo, se le da una representación, se construyen objetos de deseo. Luego se establece lo que es “normal” en la búsqueda de satisfacción y se sanciona a quien no se atiene en esa pretendida normalidad. La sexualidad es una codificación del deseo, no es deseo en estado puro. La modernidad fue hipersexualista. La moralina victoriana es prueba fehaciente de ello, con la excusa de elidir la manifestación de los sentimientos, la exposición de los cuerpos y la satisfacción de las pulsiones, desplegaba un escenario social en el que todo el mundo estaba pendiente de aquello de lo que no se hablaba. Con la excusa de higienizar las costumbres, se hurgaba en los más intrincados recovecos del deseo y con  la de fortalecer la moral mediante la abstinencia se gestaban las más recónditas perversiones. El hipersexualismo entonces tiene su nacimiento histórico en la madurez moderna, nosotros simplemente estamos asistiendo a su defunción. La sexualidad –tal como la entendió la modernidad-  es una estrella apagada. Pero cuando todavía esa estrella brillaba con luz propia se constituyó la figura de la histeria como paradigma de la frustración. También esa figura está perdiendo vigencia. La satisfacción actual ya no responde obligatoriamente al presupuesto de la penetración, la eyaculación y el orgasmo pénico-vaginal. Nuevas prácticas sociales han creado nuevas representaciones del deseo. Por su parte, la masturbación, tan despreciada hasta las postrimerías del siglo XX, ha comenzado a mostrar sus virtudes en épocas de mediatización, biotecnología, informática y sida.

 

¿Una nueva histeria navega en el ciberespacio?

Sí, porque elidir el cuerpo material en las relaciones eróticas no necesariamente significa “histeria” en sentido freudiano. Significa más bien la instauración de nuevas formas de realización del deseo que, como no podría ser de otra manera, traen aparejadas nuevas formas de satisfacción y, obviamente, también de frustración.

 

¿El sexo virtual es una forma actual de la histeria? 

Actual y diferente. Hoy, quien se excita y excita a través de los medios sin consumación carnal no necesariamente queda insatisfecho como el histérico decimonónico; porque siendo otras las formas de desear, otras son también las formas de disfrutar.

 

La histeria en Freud

La noción de histeria en el imaginario social vigente, surge de la categoría freudiana de histeria, pero se independiza de sus connotaciones técnicas. La causa de la histeria, en Freud, es la huella psíquica de un trauma de contenido sexual. Esa huella ha sido provocada por alguna agresión exterior relacionada con uno o varios acontecimientos de experiencias sexuales prematuras e insatisfactorias. Dice Freud que la irrupción de la histeria se remonta casi invariablemente a un conflicto psíquico, a una representación perturbadora que pone en acción la defensa del yo. Para que se forme un síntoma histérico tiene que haber un esfuerzo por defenderse de una representación angustiosa. No obstante, la represión es una defensa inadecuada del yo, porque produce frustración y no logra superar el trauma vivido. La vida sexual del histérico es una paradoja sufriente: un cuerpo profundamente erotizado coexistiendo con una zona genital anestesiada. La contradicción reside en que se produce una necesidad sexual excesiva y –al mismo tiempo- un rechazo de la sexualidad. El deseo del histérico es un deseo de insatisfacción. Los histéricos anhelan profundamente aquello que rechazan. Son siempre el tercero excluido o se sienten siempre como el tercero en discordia. Su fantasía es que los demás gozan algo que a él le está vedado. Finalmente hace las cosas para no consumar una relación sexual y, en caso de que la relación se produzca, se las arregla para no disfrutar de ella. Un buen ejemplo de esta conducta se ve en la película Felicidad del estadounidense Solondz, en la que un individuo obeso y solitario se masturba cada noche mientras llama por teléfono anónimamente a su vecina y cuando la tiene “en vivo” en su propio departamento, no atina a hacer nada para seducirla. Algunos de los síntomas más representativos de neurosis histérica registrados en la época de Freud eran cegueras o parálisis temporáneas, gemidos o balbuceos incontrolables, tics o anorexias, y asco a la genitalidad.

 

¿En qué consisten las nuevas formas de desear y de disfrutar?

En los estímulos provinentes de lo virtual, pero también en el disfrute, que se concentrar en masturbaciones  intensificadas por lo mediático (imágenes, palabras, sonidos) y liberadas de antiguas moralinas.

 

¿Virtual y sexual eran pares contradictorios, ¿ya no? ¿Cómo se relacionan?

Si dos personas mantienen una relación digital sólida pueden desear, celar, gozar, excitarse, inducir orgasmos. La relación es real, aunque no actualizada, porque lo virtual produce efectos concretos.

 

¿El deseo se modifica a lo largo de los siglos?

Los supuestos sociales o científicos, es decir, los idearios epocales no se construyen desde la nada. Siempre existe alguna práctica social que da cuenta (a veces de manera un tanto anómala) de ellos. El supuesto subyacente tradicional era que la satisfacción sexual “normal” debe provenir de la relación con un objeto de deseo (otro sujeto) heterosexual y consumarse de manera casi bíblica. En consecuencia, si la idea regulativa de una satisfacción sexual plena es el modelo planteado, se desprende casi necesariamente que quien no observa tal conducta y se excita con otra persona sin consumación convencional, es un histérico. Y esto valdría tanto para el saber científico como para la opinión cotidiana. Pero si retomamos la idea de que el deseo no es algo invariable a través del tiempo, sino una construcción social, se puede concluir que si existen nuevas prácticas sociales, se producen nuevas formas de deseo; mejor dicho, nuevas formas de representaciones del deseo.

 

La histeria según la versión general

Cuando las consideraciones sobre la histeria atravesaron los gabinetes psicoanalíticos y comenzaron a circular por la sociedad fueron reducidas a fórmulas o clichés. Histeria pasó a ser liza y llanamente sinónimo de algunas manifestaciones casi mecánicas como gritar sin ton ni son o convulsionarse, o excitar y excitarse sexualmente rehusando la consumación. Otra pérdida de sentido sufrida por la noción de histeria en su traslado de los ámbitos científicos al imaginario social, fue la idea de que quien “histeriquea” lo hace conscientemente. Es decir, pone su voluntad y libre arbitrio al servicio de seducir a alguien y luego rechazarlo sexualmente. El imaginario colectivo, al despojar a este tipo de neurosis de su condición de enfermedad, impregnó de culpa a la conducta histérica, como si el neurótico fuera responsable de los síntomas de su enfermedad. De más está decir que en la versión cotidiana de la histeria ni se considera el sufrimiento del enfermo, se piensa más bien que se trata de una especie de sádico que hace sufrir a los demás y goza con ello.

 

¿Ahora se goza más que antes?

La insatisfacción de la histeria surgía de un modelo socialmente aceptado que era doblemente “perverso”, porque dirigía los flujos del deseo hacia una forma hegemónica de realizarlo y suponía una niñez asexuada. Pero en el imaginario actual, las cosas comienzan a ser diferentes y nos beneficiamos con una multiplicidad de modelos. Se goza con la pantalla erotizada del cine, la TV, la PC o los juegos electrónicos, con el teléfono, con los sonidos surgidos de un aparato de audio o con la comunicación digital con un ser desconocido, y llegado el caso, hasta se puede concertar un encuentro real.

 

¿Qué insatisfacciones trae el sexo virtual?

La falta de cuerpo, de piel, de contacto, de olores y de cierta “onda” que únicamente se produce de manera presencial.

 

¿Qué saberes y aptitudes se necesitan para practicarlo?

Manejar internet y saber que aunque es un medio virtual -en el que reina  la mentira-  funciona con los mismos códigos que en la realidad concreta: fidelidad, trampas, celos, seducciones y desdenes.

 

El reino del onanismo

El deseo mediático que acompañado de una revalorización de la masturbación como forma sexual cada más aceptada socialmente y alejada de las satanizaciones. Los millones de dólares que circulan detrás de la venta de pornografía por internet deben ser equivalentes a los millones de masturbadores solitarios que produce. El chateo está atravesado por pulsiones masturbatorias. La primera pregunta que suele hacerse, al iniciarse una comunicación, es acerca del sexo de la persona virtual (h o m?), la segunda, acerca de la posibilidad de practicar cibersexo. A esto se puede agregar otras prácticas contemporáneas como mantener “relaciones sexuales” con equipos de realidad virtual, o el intercambio erótico telefónico, o “hacer puerta” en las inmediaciones de las discotecas (donde todo el juego se reduce a mirar y seducir), o bailar solo delante de una espejo o “transar”, es decir, abrazarse, besarse, excitarse y no consumar.

 

¿Por qué la masturbación era tan mala antes?

Las prácticas eróticas modernas se sustentaban sobre el imaginario burgués que, a su vez, se había constituido sobre el modelo que milenariamente habían impuesto la ciencia médica antigua, primero, y la religión cristiana, después. Ya Hipócrates hablaba de los peligros de la masturbación y más tarde la Iglesia católica no sólo adhirió a ese discurso sino que impuso como único modelo de relación sexual lícita el heterosexual marital y sólo con fines de procreación. En la modernidad el modelo se hizo laico, pero no por ello se tornó mucho más permisivo. Por ejemplo, en el siglo XVIII se inventaron máquinas para que los chicos no se masturben.

 

Ciencia y medios: los mejores amigos de la masturbación

Los medios gratifican en sí mismo o brindan abundante material imaginario para la masturbación. El autoerotismo parece llamado a constituirse en la menos riesgosa de las satisfacciones sexuales: no produce hijos indeseados, no contagia virus y no se carga con todas las obligaciones que exige el mantenimiento de una pareja real. Pero tiene fuetes limitaciones.

Por su parte, la tecnociencia médica -que tradicionalmente estuvo en contra de la masturbación- ahora la acepta y la promueve. La fecundación in vitro necesita masturbadores solitarios. Se los excita mediante videos, revistas porno y juguetes sexuales esparcidos por la aséptica sala de un centro especializado en inseminación artificial. Se podría decir que la biotecnología ha contribuido a elevar el nivel de aceptación social de la masturbación. Esto hace que desde el punto de vista moral se la considere con otros ojos; pues la ciencia, al hacerla partícipe de su desarrollo, en cierto modo la ha legalizado.

 

¿La era de la penetración llega a su fin?

La penetración convive con el sexo mediatizado o masturbado, que no necesariamente es solitario o dirigido al propio cuerpo. También puede haber interrelación sin penetración tradicional y con satisfacción mutua. Estamos asistiendo a la des-satanización del goce sexual. En una cultura hiperindividualista, el sexo individual no desentona. Máxime cuando la tecnociencia le sirve como garantía y el mercado como estímulo. Existen miles de personas que nacieron de la masturbación de innumerables donantes. Hay seres vivos clonados. Seres que como Jesús han nacido exentos de cualquier actividad sexual. A ello hay que agregarle que nadie ignora el peligro del sida. En consecuencia, la nueva configuración de los mapas del amor está desarticulando la idea de que no consumar con un objeto concreto es siempre desolador.  Si el deseo no tiene objeto y lo que imaginamos que es nuestro objeto de deseo es en realidad una representación de algo inalcanzable, podría ser que la representación del deseo, actualmente, comience a ser el medio mismo. Cuando McLuhan anunciaba los tiempos de la globalización, decía “el medio es el mensaje”. Hoy que esos tiempos han llegado, se puede agregar que el medio, además del mensaje, es el deseo.

 

¿Qué cambios ha producido en las relaciones desde una perspectiva de género?

Bajo el amparo del anonimato, la mujer puede avanzar en la seducción con una especie de impunidad que no disfruta en las relaciones concretas. Además internet es una vidriera homogeneizante de estímulos, porque el erotismo, históricamente, ha estado pensado para el placer masculino, en cambio en la red hay estímulos para todos los gustos. Sin embargo, sólo un 30% de quienes practican cibersexo son mujeres.

 

¿Qué efectos tiene el contacto visual con cuerpos perfectos frente a la realidad de los cuerpos comunes?

Una mayor presión respecto del aspecto físico, el miedo a la decepción o a decepcionar. La agudización del rechazo a la vejez, la gordura, las imperfecciones. Aunque también –y por suerte- existen quienes no buscan necesariamente cuerpos perfectos.

 

Cosa de jóvenes

Los jóvenes actuales han nacidos bajo el influjo de los medios masivos. En algunos casos han estado más horas frente a una pantalla portadora de imágenes de cuerpos perfectos ajenos a la familia, que frente a la materialidad de cuerpos maternos o paternos concretos que en otros tiempos provocaba atroces deseos incestuosos. Estos jóvenes han comenzado a desarrollar sus actividades sensoriales tocando teclas de computadoras que le abrieron las puertas de mundos maravillosos ¿Por qué deberían querer una satisfacción más allá del medio mismo, si el en el medio ya se encuentra cierta satisfacción?

 

¿La palabra erótica (en el chateo) adquiere una nueva jerarquía?

Erotismo, además de sexo, implica seducción y cierto tinte amoroso. Digitalmente se suele abordar el sexo de manera más directa y menos cautivante que en las relaciones concretas y, en general, se producen más contactos sexuales que eróticos.

 

¿Qué límites se disuelven y cuáles se mantienen (diferencias generacionales, culturas, físicas)?

Únicamente la mentira disuelve los límites. Porque si un adulto mayor entra a un salón virtual de jóvenes es discriminado, otro tanto ocurre con las diferencias culturales, religiosas, étnicas y corporales. Pero Internet tiene también su antídoto, ya que hay sitios para quienes se excitan con cualquier tipo de diferentes (minusválidos, ancianos, animales y algo más).

 

¿Cómo viven las personas que hoy tienen más de 40 años estos cambios? ¿Cómo lo viven quienes tienen más de 60?

Existen espacios eróticos virtuales para personas de 18 a 99 años. La franja etaria de 40 a 60 está cada vez más activa en este rubro, aunque también se producen citas a ciegas y, desde ya, cibersexo entre personas de más de 60. Todos estamos invitados a la fiesta digital.

 

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