Esther Díaz

ESTHER DÍAZ

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“No tenemos modelo de poder femenino”


Entevista a Esther Díaz publicada en La letra partida. Año I - Nº 3 - Mayo 2013

http://www.laletrapartida.com.ar/index.php/zoom/93-no-tenemos-modelo-de-poder-femenino



Mujer y poder fue el tema central en este diálogo con la filósofa, investigadora, escritora y docente argentina Esther Díaz. Citando a Nietzsche, reafirma que “hay conceptos que se han construido tan fuertemente que ni con un martillo se pueden romper” y considera que estamos a siglos de alcanzar condiciones de equidad entre los géneros.


Por Noelia Barral Grigera* / Fotos: Marcela Casarino**


Su energía, vigorosa, estimulante, contagiosa. Su forma de expresarse, profunda, llana, genial. Su casa, luminosa, colorida, acogedora. Todo en Esther Díaz invita. A pensar, a divertirse, a compartir, a descubrir. La epistemóloga, la ensayista, y también la mujer analiza en esta entrevista con La Letra Partida ese territorio en el que se cruzan el poder y la femineidad, y aventura un mapa para mirar esas cuestiones.

Esther Díaz

La letra partida:-¿Hay diferencias en cómo ejercen el poder los hombres y las mujeres? ¿Hay una manera femenina de mandar?
Esther Díaz - La hay porque ha sido construida por la sociedad. No es que la hay así como nacemos con dos ojos, una nariz, y una boca. No es algo biológico. No es algo que sea una esencia femenina. O, como se dice, la intuición femenina. Son todas creaciones del machismo para codificarnos mejor. Y ojo que cuando digo machismo, el machismo no tiene género. También las mujeres aportamos al machismo. Mientras que les sigamos regalando muñecas a las nenas y armas a los nenes, les estamos reafirmando que nosotras tenemos que ser las que cuidamos y ellos los que van al frente, los agresivos, los que después queman a las mujeres. Ya desde chiquitos empezamos a preparar eso. Yo que me asumo como post-nietzscheana, cuando leo algunas cosas que Nietzsche ha escrito a veces me da vergüenza ajena. Él, que nos enseñó a nosotros a deconstruir y a saber que somos construcciones sociales. Y hasta en Freud me encuentro con que dice lo mismo que Nietzsche. Claro, son casi contemporáneos. ¿Cómo una persona tan lúcida puede decir que hay una esencia femenina, y que hay ciertas cosas, como la agresividad, que es propia del hombre? Lógico, si es el día de hoy, con los “derechos” entre comillas, porque para mí no son tantos, ya hablaremos de eso… todavía es mucha más la cantidad de presos masculinos que femeninos y eso no es porque las mujeres somos buenitas por naturaleza. Es simplemente porque nos han enseñado a soportar a no agredir y a estar domesticadas. Cuando empecé a estudiar sobre estos temas, hace 25 años atrás, la relación era casi de un 85% de más cantidad de hombres que de mujeres. O sea que ni siquiera la sociedad nos daba la posibilidad de transgredir. No es positivo, es terrorífico. A partir de los 60, con la cuestión de que la droga se extendió y las mujeres entraron también en ese tema, empezó a haber más mujeres presidiarias; pero no tanto porque fueran capaces de quemar a un hombre, por ejemplo. No es que nadie lo haga, pero no es lo común. Sino que entraron en algo ilícito para la sociedad.

Estoy citando todos ejemplos negativos a propósito, para desnaturalizar el tema. Lo mismo pasa con las Fuerzas Armadas, que poco a poco van permitiendo cada vez más mujeres, pero se sabe de los abusos que sufren las mujeres. ¡Minas que son canas, que se meten a canas porque tienen vocación! Y ellas, que tienen cierta agresividad como para tomar una profesión así, también son abusadas por sus compañeros.
Nietzsche dice que él es un filósofo del martillo. Porque hay conceptos que se han construido tan fuertemente que ni con un martillo se pueden romper, como éste por ejemplo, que la mujer es la que cuida, es menos inteligente, no puede hacer ciencia, no puede ir a la guerra.


LLP - En los paradigmas del conocimiento que fueron dominantes, ¿se traduce un rasgo masculino? ¿Hay una forma de conocer y de aprehender el mundo que es masculina y otra femenina?

ED - Sí, también fue construida. La ciencia es totalmente machista y discriminadora de las diferencias en general, no solo de la mujer. ¿Cuál es el paradigma de la ciencia? Un señor de mediana edad con un poquito de canitas en las sienes, con un delantal blanco impecable, un estetoscopio colgando y cara solemne. De ninguna manera, como dice la epistemóloga y feminista Donna Haraway, ¿por qué no una mexicana con el traje típico y el estetoscopio en una mano y una serpiente en la otra? Es impensable. De hecho, en el proyecto Genoma Humano, en el que hay cientos y miles de científicos comprometidos, el 10 por ciento solamente son mujeres. Incluso en el vocabulario de las ciencias. Ciencias duras y ciencias blandas. Ciencias duras son las masculinas, las que son aceptadas, a las que las agencias de investigación les destinan dinero. Y ciencias blandas ya, desde el nombre, te da la impresión de que no son sólidas.
Como jefa que he sido desde los 17 años, nunca he visto un hombre que haya pedido un día de trabajo porque tiene que llevar al bebé al médico. Jamás. Siempre el bebé al médico lo lleva la mujer. Además de trabajar tenés que hacerte cargo. Por eso dije antes que tomo con pinzas los derechos ganados por la mujer, porque es cierto que hemos ganado derechos, pero no nos hemos sacado de encima ninguna de las responsabilidades históricas de ser la reina de la casa… ¡te regalo ese reinado! Y además formarse, estudiar, ir a la universidad y traer dinero a casa. No es que yo niegue los derechos adquiridos, pero insisto: ¿qué pasa con las responsabilidades? ¿Cuándo nos vamos a repartir las responsabilidades?


LLP - ¿Cómo cree que impacta eso en el ejercicio del poder público?

ED - Por hablar de una cosa bien actual, y más allá de todo partidismo político, en estas marchas que se hacen contra el Gobierno, es impresionante el nivel de agresión de las mujeres contra la Presidenta, porque es mujer. Incluso se puede ver en los diarios. Vos ves las fotos de esas mujeres y la mayoría está peinada como la Presidenta. Y gritan cosas muy ofensivas, como “yegua”, “hija de puta”. Cosas así, que vos te das cuenta que es un tema de género, que va más allá de… no estoy negando que la gente pueda tener indignación real, pero es un tema de género.
LLP - Además históricamente también se lo han expresado a Evita. Ese odio tan visceral, ¿dónde arraiga? ¿Qué es lo que les molesta tanto a las mujeres esta mujer Presidenta que tenemos?
-Les molestan las mujeres, y me incluyo, que adquieren cierto espacio de poder y ellas no. Se suman a lo que dije al principio: el machismo no tiene género. Estas mujeres que en vez de rezongar contra el Gobierno, lo personalizan en una mujer, ni hablar en Evita, ni hablar…



LLP - Comparando el estilo estético de la Presidenta con otras mujeres en el poder en el mundo…

ED - ¡Ah! ¿También ustedes lo vieron eso? (risas)



LLP - Sí. Dilma, Bachelet, Merkel… son más masculinas en su estilo.


ED - Claro. Lo que pasa es que no tenemos modelo de poder femenino. Porque durante milenios, siempre el poder ha sido masculino. Entonces cuando las mujeres comenzamos a acceder a cierto tipo de poder, nos plegamos al modelo masculino. Y me incluyo, porque a pesar de que me arreglo de manera femenina, en el sentido de que me maquillo, trato de amenguar un poco la cantidad de años que tengo encima, etcétera, en mi accionar soy casi lo que se le dice en psicología una mujer fálica. ¿Por qué? Porque fue la única manera de poder imponerme. Admiro si alguien puede de otra manera imponer el poder. Porque, cambiando lo que hay que cambiar, creo que también pasa con nuestra Presidenta eso. Es cierto que ella se cuida mucho de manera femenina, pero también es cierto que desde que era legisladora, todos la conocemos como una mina que va al frente. Pero como la construcción, tanto de la femineidad como de la masculinidad, también es una herramienta de poder, eso puede cambiar. Lo que pasa es que, en el caso de Merkel en particular, es un macho. Es un macho. Se le tiene mucho más respeto por varias cosas, desde ya, no vamos a comparar la potencia económica y demás. Pero sin lugar a dudas impone desde ahí. Ella hizo una construcción de sí misma para ocupar ese lugar de fierro que ocupa.

Esther Díaz



LLP - Incluso provocaron mucho revuelo unas imágenes de ella en traje de baño y una vez que usó un escote un poco más pronunciado de lo habitual…


ED -¡Que en ella era…! (gesto como de exageración) Además, otra cosa que también se ve en este país, ya desde la época de Evita, que a las mujeres con poder se las llama con el nombre de pila. Y no se hace con los hombres. Últimamente, a partir del marketing político, puede ser que se diga Mauricio por Macri; pero en general cualquiera se da cuenta de que se dice muchas más veces Macri que Mauricio. Ella es Cristina. Las mujeres estamos para el nombre de pila porque estamos ahí, a disposición del poder. Y ojo, que tampoco digo que haya una intencionalidad en todos y cada uno de los hombres, porque está tan naturalizado eso, que lo toman como si fuera así. Bueno, lo tomamos las mujeres como que es así… Sin darnos cuenta aportamos a ese imaginario. Milenario es el poder del varón. Y cientos de años van a pasar hasta que haya una equidad.
Nietzsche dice que él es un filósofo del martillo. Porque hay conceptos que se han construido tan fuertemente que ni con un martillo se pueden romper, como éste por ejemplo, que la mujer es la que cuida, es menos inteligente, no puede hacer ciencia, no puede ir a la guerra. Y un autor tan diferente como Marx aporta esta bellísima idea de que todo lo sólido se desvanece en el aire. Se refería a ese poder, sobre todo de la Iglesia Católica, que estaba tan entronizado en la sociedad que era de una solidez que parecía imperturbable. Sin embargo, comenzó a disolverse en el aire. Pero costó siglos de lucha y de mucha sangre derramada. En el caso de la lucha de las mujeres, la sangre derramada, desde mi punto de vista, es casi siempre individual. Está el caso del día que se impuso como Día de la Mujer, de la cantidad de obreras que murieron en Estados Unidos. Pero en general son luchas más bien pequeñas.
Las mujeres tenemos tanta ambición de poder como los hombres, lo que pasa es que no nos dejaron.

 


LLP - ¿Con qué se relaciona la mirada que ve a las mujeres como una promesa de calidad institucional más que los hombres?


ED -A mi no me parece muy positivo, porque sigue en la línea de lo que decía de las presas. Vení, hacete cargo porque las que se hacen cargo son las mujeres. En la medida en que fuimos condenadas a ser las que ponemos orden, las que tenemos paciencia, las que ponemos tranquilidad en el caos a nivel familiar; se supone que también vamos a ser más honradas y en un espacio así ocuparnos de las instituciones. No como los hombres, que van por el poder solamente.
Esto no es cierto. Las mujeres tenemos tanta ambición de poder como los hombres. Lo que pasa es que no nos dejaron. Incluso en el plano sexual al día de hoy. Los chicos siguen siendo piolas si tienen muchas minas. Y a las chicas les dicen atorrantas.



LLP - ¿Por qué los hombres necesitan dominar, demostrar que tienen el poder sobre la mujer?


ED -No solamente demostrar. Yo diría disfrutarlo y aprovecharlo. Es mucho más que demostrar. Cualquiera que estuvo en algún espacio de poder, sabe los beneficios que trae el poder. Y además, biológicamente, convengamos en que tuvieron también su ayuda. Físicamente, en general, son más grandes; las que quedamos embarazadas somos nosotras; las que tenemos los hijos somos nosotras; el tener la menstruación todos los meses. La biología nos jugó en contra también. No solamente la sociedad, hay que reconocerlo. Después hay algunas situaciones… en algún momento de la vida, hasta el Viagra, teníamos una ventaja. La mujer podía seguir teniendo relaciones sexuales y al tipo no se le paraba. Hasta el Viagra. ¡Pero ahora con el Viagra nos cagaron otra vez!



LLP - ¿Hay algo de temor en esta necesidad de sometimiento?


ED -¿De parte del varón? ¡Por supuesto! Los testimonios orales sobre la cultura Ona, ya desde Darwin, cuentan que era matriarcal y que en algún momento, por la fuerza, ellos lograron el poder. Las máscaras, que cuando uno va a Ushuaia las puede comprar, que las hacen los artesanos, son máscaras para asustar a las mujeres. Ellos se reunían en días determinados y venían así disfrazados para asustarlas a ellas, que se metieran en sus casas y ellos quedar dueños de la situación. Es decir que en nuestro propio territorio está. Lo que no se pudo comprobar hasta ahora, tal vez algún día los arquéologos lo puedan comprobar, es si hubo una sociedad matriarcal. Pero cuando los tipos por violencia lograron el poder, se cuidaron muy bien de tenerlas asustadas. La función de las máscaras era asustar a las mujeres, para que siguieran sometidas y no tuvieran el poder.



LLP - ¿Qué es lo que el hombre teme de la mujer?


ED -Que le saque el poder.



*Periodista. **Fotoperiodista.

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