Esther Díaz

ESTHER DÍAZ

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 HACER DE LA PROPIA VIDA UNA OBRA DE ARTE

Esther DíazNota publicada en “El Litoral”, jueves 27 de diciembre de 2012

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2012/12/27/opinion/OPIN-04.html

Estanislao Giménez Corte

egimenez@ellitoral.com

http://blogs.ellitoral.com/ociotrabajado/

 

VISITA DE ESTHER DÍAZ POR LOS 60 AÑOS DEL INSTITUTO 12

Doctora en Filosofía, epistemóloga, ensayista, Esther Díaz (Ituzaingó, provincia de Buenos Aires, 1º de diciembre de 1939) es una prestigiosa intelectual y escritora argentina que ha tenido una carrera, por calificarla de algún modo, particular. Aunque siempre se sintió “atraída” por el estudio, no comenzó sus estudios hasta una edad en que la mayoría de sus colegas seguramente ya habían pasado por el grado. Se casó muy joven, joven tuvo sus hijos y joven se separó. Sólo entonces, sobre sus 30 años, ingresó a la universidad. A partir de allí, desarrolló una brillante carrera que cuenta al día de hoy con unos 25 libros publicados. Entre ellos pueden mencionarse: “La sexualidad y el poder” (1993), “Michel Foucault, los modos de subjetivación” (1993), “La filosofía de Michel Foucault” (1995), “El himen como obstáculo epistemológico” (2005), “Posmodernidad” (2005), “La sexualidad, esa estrella apagada” (2009) y “Las grietas del control. Vida, vigilancia y caos” (2010).

El pasado 14 de noviembre, en ocasión de las celebraciones por los 60 años del Instituto Superior Nº 12 “Gastón Gori” y de la carrera de Bibliotecología de la casa de estudios (1952-2012), la autora se presentó en nuestra ciudad. En la ocasión, en la sala Cervantes del edificio ATE Casa España -Rivadavia 2871-, el director del mencionado Instituto, Prof. Alejandro Damianovich, introdujo a los oyentes respecto de algunos antecedentes de la disertante y presentó su exposición, que llevó por título “La enseñanza superior, la filosofía de la ciencia en la actualidad y la propuesta de una epistemología ampliada”.

CIENCIA Y ARTE

Ya por algunos temas que trata (su texto “La irreverente vida sexual de una señora mayor”, publicado en Clarín en octubre de este año, relata sus experiencias de modo confesional), ya por su aspecto (colores vivos, remeras de Pink Floyd, cabello peinado con gel), ya por el modo en que aborda sus intervenciones orales, puede decirse que Díaz abomina del physic du rol del académico tradicional -en el imaginario social, más bien opaco, de tono susurrado o monocorde- y piensa sus intervenciones como puestas en escena que tienen por objeto la seducción del oyente. “Sale” por momentos de su propio discurso filosófico y propone “diálogos” y ejemplos devenidos del arte, por caso. Pero ello es absolutamente común y acostumbrado en toda disertación. Podría decirse que lo que es novedoso en sus presentaciones es el modo en que Díaz desacraliza el conocimiento filosófico para hacerlo accesible y entretenido a un público equis, sea o no docto en la materia.

Así, inició su intervención agradeciendo efusivamente a la locutora que leyó sus antecedentes y al propio Damianovich. “Me emocionó (la introducción), nunca he sido presentada por una profesional (como ésta) ... me sentía como Susana Giménez!”, dijo. Descontracturada, con un humor sutil siempre presente, abundó en elogios a la ciudad y a los santafesinos: “Cada vez que vengo soy mimada (...) Me tratan muy bien (...)”, confió.

Acto seguido, sostuvo que “vengo a dar, no una conferencia, sino una clase”; y confirmó que “la mayor satisfacción, el sentirse logrado, es cuando uno se vuelve a reencontrar con alguien que lo ha leído, y éste se lo recuerda o se lo comenta. O con alguien que, palabras más, palabras menos, me dice ‘esto que ha dicho me ha servido para cambiar una u otra cosa en mi vida‘”.

UNA HUMANISTA

Al iniciar su exposición, Díaz estableció que, al prepararla, “le di especial importancia al tema de la bibliotecología y la comunicación”. Deslizó una pequeña crítica a los colegas que “siempre presentan la misma conferencia” y dijo que, pese a las urgencias laborales, trata siempre de elaborar una exposición en relación a la naturaleza de la invitación (o acorde al acontecimiento). Se definió, luego, vinculándose con los profesores y los oyentes de las carreras de Bibliotecología y Comunicación Social: “Somos humanistas. Nos interesa, primero, la persona; y después, la profesión”. Recordó luego a un viejo profesor que le dijo alguna vez: “le estoy dando clase a profesores. Esto que estoy dando se va a replicar, y esa gente que lo escuche, una vez pasado por su subjetividad, lo va a replicar otros”. De eso se trata la enseñanza, insistió. Allí cifró de alguna manera la importancia y la trascendencia de la tarea de enseñar, y mencionó la pasión que docentes de otrora le inculcaron a ella. “Fue Hegel quien dijo ‘¿qué es la vida sino el reconocimiento del otro’‘”. Es por ello, aseguró, que “hay que abrirse, hay que darse”.

CIENCIA ILUMINADA

Acto seguido, propuso: “vamos a hacer un viaje en el tiempo y en el espacio. Estoy dando una clase de epistemología, pero el arte ilumina a la ciencia. (...) Así que estamos en Japón, en la Edad Media. Hay una pareja: la novia va a caballo; él es un samurái”. Ése es el comienzo de “Rashomon”, de Akira Kurosawa. La película cuenta diferentes versiones sobre un mismo episodio, y esas diferencias responden a ciertas perspectivas de acuerdo a quién lo cuente, dijo. “Las versiones son totalmente diferentes, no coinciden los testimonios. Entonces el espectador se pregunta ¿cuál va a ser la verdad’”. “Qué lucidez la de Kurosawa -prosiguió- (planteó) lo que los filósofos están tratando de explicar, hablando o escribiendo. Que no hay una verdad absoluta, que -como decía Nietzsche- la verdad es perspectiva, que no existen hechos, sino interpretaciones”.

Claro que se trata, continuó, “de interpretaciones con consenso social, ya que no podemos ‘amar sin presentir‘ como dice el tango (...) Fue desde el arte que iluminé a la epistemología”, explicó. La compleja relación conocimiento-verdad tomó protagonismo luego en su exposición. “Queremos eso -la verdad, dijo- buscamos la verdad. Cuando yo cito a un autor, ustedes quieren que diga la verdad sobre esa cita (...)”.

Habló más adelante de “poner el cuerpo”. “Mis libros han salido de un gran dolor mío. Me encerraba y me ponía a escribir

Por eso tengo tanta pasión por la filosofía. Y eso es lo que nos da armas para hacer de nuestra propia vida una obra de arte”. Esta última frase precedió a muchas otras de una interesantísima jornada, pero quizás resume o sintetiza de alguna manera parte de lo esencial de esta lección.

 

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