Esther Díaz

ESTHER DÍAZ

Doctora en filosofía

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NIETZSCHE, FOUCAULT Y LA CELEBRACIÓN DE LA ALEGRÍA

Esther Díaz

Tlön será un laberinto, pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres.

Jorge Luis Borges, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”

 

En primer lugar diré cuál es el tema, luego por qué considero que es importante tratarlo y finalmente de qué manera se desarrolla en la presente reflexión. El tema es el juego de espejos que se produce cuando se enfrenta la obra de Foucault con ciertos textos de Nietzsche. Es importante tratarlo si se aspira a considerar algunos aspectos de la fecundidad de ambos filósofos, ya que Foucault indaga sobre prácticas sociales y discursos que se consideran verdaderos, guiado por el hilo de Ariadna de los abismales conceptos nietzscheanos.

Abordo la problemática desde la construcción del modelo científico, la interacción con experiencias coercitivas, y el despliegue de prácticas de auto-constitución subjetiva. Los tres aspectos están hilvanados por una misma obsesión filosófica: deconstruir esa mentira a la que llamamos verdad, impidiendo cualquier horizonte supuestamente seguro y pariendo excedencias de sentidos.

Se puede imaginar la obra de Nietzsche como un laberinto conceptual, en el que Foucault penetra por algunos de sus vericuetos y los analiza desde lo histórico-testimonial. La enormidad del pensamiento de Nietzsche ilumina inquietantes intuiciones filosóficas, Foucault las somete a prueba y patentiza su fertilidad investigando en documentos, archivos, monumentos y bibliografía. Constata así la solidez de los diagnósticos de Nietzsche y, desde ese escenario, proyecta su propia obra.

Resulta indiscutible, por ejemplo, la impronta de la Genealogía de la moral en Vigilar y castigar; o el planteo de fondo de Sobre verdad y mentira en sentido extramoral en La verdad y las formas jurídicas, o la recreación de algunos recursos de El nacimiento de la tragedia en Las palabras y las cosas.[i] Pero la obra de Foucault registra más nutrientes nietzscheanas. En esta oportunidad, estableceré relaciones entre fragmentos de La ciencia jovial[ii] y algunas líneas de indagación foucaultinas, que considero atravesadas por un espíritu similar al que movilizó la escritura de ese libro, en el que Nietzsche rechaza el imaginario alemán de su época por juzgarlo carente de conciencia histórica. No encuentra esa carencia, en cambio, en la cultura caballeresca que floreció en el siglo XII, en el mediodía francés, cuyo hálito estaría impregnado de pertenencia temporal, vuelo de libertad, anhelo de aventuras y  arrebatos de alegría.

El subtítulo en neo-latín, La gaya scienza, da cuenta de la voluntad nietzscheana de rescatar el sentimiento histórico y la celebración del presente que imperaba en tiempos de caballeros y cantores provenzales, imbuidos –según lo interpreta Nietzsche- de alegre espiritualidad. Ese subtítulo da cuenta también de un estado de ánimo y de una disposición conceptual que aspiran a un saber lozano, propio de quienes ni se cuestionan la muerte. Se abren  así posibilidades de disfrute, de construcción de metáforas no ingenuas, de descubrimiento de secretos subyacentes, de tránsitos por sueños inmanentes.

 

1. Los juegos de la verdad en la constitución del modelo científico

Foucault siempre ha pretendido saber cómo el sujeto entra en los juegos de la verdad. En sus primeras obras se preocupa por estudiar de qué manera esos juegos van constituyendo un modelo científico. Indaga en las condiciones de posibilidad históricas del asentamiento de determinadas verdades, en detrimento de otras aserciones que nunca alcanzan el estatus de verdaderas, o que lo alcanzan, lo pierden y a veces lo recuperan en el transcurso de la historia. Trata de dilucidar la constitución del saber científico mediante una arqueología de las ideas. Su mirada crítica hacia los formalismos, y atenta a las condiciones de posibilidad histórica del surgimiento de las ciencias modernas, corre paralela a espacios teóricos abiertos por Nietzsche. Sin obviar, por supuesto, la presencia de otros autores y la propia creatividad de Foucault.

La forma de conocimiento surgida del modelo de racionalidad newtoniano, preñado de concepciones lógico-matemáticas propias de la modernidad, eligió referirse a cuestiones empíricas desde formas vacías de contenido. Esta reacción contra el espíritu dionisiaco pretendió fundamentarse en la matemática y validarse mediante la lógica. La compulsión hacia lo formal es propia, según Nietzsche, de espíritus enfermos de Apolo. Espíritus que necesitan refugios contra el caos, la variedad, la diversidad y la feracidad de lo real. Ello explica la recurrencia occidental a la lógica como inteligibilidad conceptual de la existencia. Pues lo formal tranquiliza, produce confiabilidad desde su frío esqueleto argumental, alejando el pensamiento de lo azaroso para ofrecer un horizonte tan falso como optimista.[iii]

Cuando Nietzsche preanuncia una posible arqueología de las ideas postula la necesidad de una voluntad rastreadora de antigüedades. Para que esa voluntad adquiera vigor habría que conocer el goce y la intensidad del sentido histórico.[iv] Este es el guante que recoge Foucault para su propia arqueología siguiendo, de alguna manera, lo que ya se anunciaba en La ciencia jovial:

 

[Hay que] darse cuenta de que es indeciblemente más importante cómo se llaman las cosas, antes que lo que ellas son. La reputación, nombre y apariencia, la vigencia, la medida y el peso usual de una cosa –que en la mayoría de los casos es en su origen un error y una arbitrariedad, arrojada a las cosas como un vestido que es completamente ajeno a su esencia e incluso a su piel-, paulatinamente se han arraigado y encarnado en las cosas convirtiéndose en su propio cuerpo, mediante la creencia en ellas y su continuo crecimiento de generación en generación. La apariencia del comienzo se convierte, casi siempre al final, en la esencia y actúa como tal. Basta con crear nuevos nombres,  valoraciones y probabilidades, para crear a la larga nuevas “cosas”.[v]

 

Estas consideraciones nietzscheanas podrían servir de prólogo a varios textos de Foucault. Fundamentalmente a Las palabras y las cosas y La arqueología del saber,[vi] donde estudia las condiciones de posibilidad históricas de las ciencias sociales en particular y del conocimiento científico en general. Incluso, en las últimas páginas de Las palabras y las cosas Foucault apela explícitamente a Nietzsche para avalar su conclusión acerca de que si el lenguaje construye al hombre, encontrar el ser del lenguaje es, para el hombre, encontrarse con su propia nada que biológicamente significa muerte. Cuando se comprende que Dios es una creación del lenguaje y del ser vivo que trabaja y habla, es decir, del hombre; éste choca contra su propio límite. Quien ha matado a Dios debe responder ahora por su propia finitud y afrontar el retorno de las máscaras, mientras emite una carcajada más potente que las inconsistentes ensoñaciones sobre perdidos paraísos científico-metafísicos.[vii]

 

2. Los juegos de la verdad como construcción política

 La gobernabilidad es del orden de la política, pero la política es un dispositivo que no se agota en las cuestiones de Estado. Política es sinónimo de poder. El poder es una relación entre sujetos en la que se intenta, desde cada extremo de esa relación, imprimir una voluntad sobre el otro. Pero cuando en ese juego entre fuerzas, una de ellas adquiere forma de dominio, se satura uno de los extremos en perjuicio del otro. Implica sometimiento.

El poder sin dominio, en cambio, se ejerce entre seres libres, aun cuando exista control, vigilancia e incluso cierta coacción. Tal como ocurre con presos, asalariados u otras personas que subsisten en zonas de bajísima densidad del poder pero que tienen la posibilidad, sin embargo, de intentar un cambio en sus condiciones de existencia, desarrollando métodos de resistencia, o promoviendo movilizaciones que perturben los poderes represivos. Además, las relaciones de poder interactúan con los juegos de la verdad, ya que así como todo ejercicio de poder apela a verdades que lo justifiquen, cualquier discurso que se pretenda verdadero necesita poderes que lo sostengan. He aquí uno de los focos de interés de Foucault en su período dedicado al poder que, desde su designación como “genealógico”, delata la presencia de Nietzsche.[viii] Quien en La ciencia jovial, ofrece una serie de interrogantes respecto de múltiples formas de ejercitar poder. Entiendo que esos interrogantes han operado en Foucault como una especie de índice programático para desarrollar su propia búsqueda. Se pregunta Nietzsche:

 

-       ¿se ha investigado acaso sobre las diferentes divisiones del día en función del establecimiento reglamentado del trabajo, la fiesta y el descanso?;

-       ¿se han recopilado las experiencias acerca de la vida en encierros comunitarios?;

-       ¿se ha sopesado toda la razón, pasión y superstición que existe acerca de la vigencia de diferentes mecanismos de control?;

-       ¿se ha observado minuciosamente los diferentes crecimientos que han tenido y todavía pueden tener los impulsos humanos de acuerdo a los diferentes paradigmas morales?

 

A continuación, Nietzsche aclara que para poder llevar a cabo esta tarea se requieren generaciones enteras y un trabajo común planificado por multiplicidad de eruditos. Pues únicamente así sería posible despejar alguno de los disímiles puntos de vista  e iluminar los entramados de poder, que urden el tapiz de los mecanismos de control para terminar –finalmente- logrando efectos de verdad.[ix] En estas propuestas nietzscheanas se encuentra la trama investigativa que seguirá tejiendo el filósofo francés a lo largo de su etapa genealógica. Los textos más representativos de esta búsqueda son Vigilar y castigar y La voluntad de saber,[x] Foucault pertenece a la cohorte de alegres eruditos pronosticada por Nietzsche. La noción de saber festivo, en relación con lo político, es ilustrada por Foucault cuando se refiriere a un posible arte de vivir contrario a toda forma de fascismo, y enumera algunos principios esenciales que deberían contemplarse como guía para la acción micropolítica. He aquí algunas de sus recomendaciones:

 

-       descontracture y flexibilice la militancia social despojándola de cualquier forma de paranoia;

 

-       no someta el deseo a jerarquizaciones piramidales, deje más bien que se expanda y multiplique como redes transversales a los sujetos y al estado de las cosas;

 

-       libérese de categorías negativas y reduccionistas, para apostar a lo múltiple, lo diferente, la movilidad y la reafirmación de la existencia;

 

-       utilice la práctica política como un intensificador del pensamiento, en lugar de pretender que existen verdades incuestionables;

 

-       no se enamore del poder, porque ese amor anquilosa los dispositivos de liberación, copiando las mismas modalidades de los aparatos de poder contra los que se milita;

 

-       no imagine que es necesario ser triste para ser militante, incluso si la cosa que se combate es abominable.[xi]

 

3. Los juegos de la verdad en las prácticas del cuidado de sí

 La analítica sobre los modos de subjetivación en relación con la verdad, en Foucault, se desplaza desde las formas de producción del conocimiento a las formas de ejercicio del poder; y desde este tipo de ejercicio hacia el problema ético en la definición de las prácticas de libertad. Es decir, de aquellas prácticas a las que se atienen los sujetos, no para cumplir con un código moral impuesto desde afuera, sino  para armonizar entre los principios que sostienen y las conductas que observan, entre determinada idea de libertad y los medios para lograrla, entre la relación con los otros y la relación con uno mismo. Los libros paradigmáticos de este período son El uso de los placeres y La inquietud de sí.[xii] En ellos Foucault decide indagar en las prácticas mediante las cuales los sujetos se vieron llevados a ocupare de sí mismos, a descubrirse, y a devenir sujetos de deseo.

Prácticas de la existencia, hermenéutica del sujeto y tecnologías del yo son  términos utilizados por Foucault para denominar diferentes actitudes y valores, en la constitución ética de ciertas subjetividades griegas y romanas antiguas. Los orígenes de estas prácticas, entre los paganos, se concentran en tres núcleos principales: la dietética, la económica y la erótica. En el primer caso (la dietética) se trata de la relación con la alimentación, la gimnasia, el descanso y todo lo que tiene ingerencia en la posibilidad de mantener un cuerpo sano que armonice con los valores sustentados.  En el segundo (la económica), se reflexiona sobre la relación con el hogar, el gobierno de la casa, el vínculo entre los cónyuges. En el tercero (la erótica), se analiza la diferencia entre la afectividad amistosa y la atracción amorosa, la relación entre quien ama y quien es amado, se problematiza la injerencia de los intereses privados en los valores cívicos, y se propone la educación de los sentimientos como parte de una educación integral.

Enunciaciones de problemas de este tenor se encuentran en La ciencia jovial, fundamentalmente cuando Nietzche plantea estos interrogantes:

 

-       ¿se conocen acaso los efectos morales de los medios de nutrición?;

-       ¿existe una filosofía de la alimentación?;

-       ¿se han examinado las experiencias de la convivencia?;

-       ¿se ha expuesto la dialéctica del matrimonio y de la amistad?

-       ¿por qué en algunos lugares se defienden ciertos juicios morales que no se valorizan en otros y viceversa?;

-       ¿por qué la filosofía, en general, ha sido una mala interpretación del cuerpo, sin reconocerse como interpretación del cuerpo?;

-       las enfermedades, ¿no serán acaso quienes han inspirado a los filósofos?

 

Se suele disfrazar a las necesidades fisiológicas bajo el abrigo de lo objetivo, de lo ideal, de lo puramente espiritual, extendiendo el engaño hasta extremos incomprensibles. Sin embargo, las preguntas relacionadas con la existencia se pueden considerar como síntomas para ser interpretados. Nietzsche imagina la posibilidad de un “médico filósofo” que realizara un trabajo determinando las condiciones en las que se establecieron ciertas prácticas y verdades sobre la acción moral, sobre la vigencia de los actos y los códigos y sobre su devenir temporal.[xiii] Pues ese medico filósofo, dice Nietzsche

 

tendrá alguna vez el valor de llevar mi sospecha hasta su extremo límite y atreverse a formular la siguiente  proposición: en todo filosofar nunca se ha tratado hasta ahora de la “verdad”, sino de algo diferente, digamos, de la salud, del futuro, del crecimiento, del poder, de la vida…[xiv]

 

…la vida que, al ser penetrada por la mirada aguda de la propuesta  nietzscheana, se convierte en problema sin ser motivo de melancolía, pues todavía es posible el amor a la vida. Pero con el atractivo de lo enigmático, con la alegría incluso en la enfermedad, en las relaciones espinosas, en el fragor del conocimiento y hasta en las postrimerías mismas, cuando se atisba el umbral de la muerte y todos los sentidos amenazan con desvanecerse.

Foucault, que por designio paterno debería haber sido médico y por elección personal fue filósofo, parece conjugar, a partir de sus mandatos, los dos destinos preanunciados por Nietzsche. Se ha constituido en una especie de “filósofo médico” produciendo un diagnostico de su tiempo que, en parte, sigue siendo el nuestro. Foucault dice que ocuparse de uno mismo es un acto médico. Porque considera a quien reflexiona sobre prácticas auto-subjetivantes como un terapeuta colocado en la intersección del cuidado material y de la preocupación espiritual. De manera similar a lo señalado por Nietzsche, Foucault establece  relaciones entre filosofía y medicina, así como entre prácticas del pensamiento y práctica del cuerpo. Y nos recuerda que Epicteto consideraba a su escuela filosófica como un hospital del alma.[xv]

Es así como Foucault retoma el espíritu del médico filósofo nietzscheano, pero invierte la fórmula, es filósofo antes que médico. Construye conceptos desde la investigación de archivos y exalta la libertad de quienes se autoimponen una ética liberada de códigos preestablecidos. Aspira además a una conversión política no hegemónica, a la apertura de espacios no coercitivos, a ponerle el pecho al poder y a huir de las verdades consagradas para sumergirse en una incesante multiplicidad de sentidos.

Considero que los pensamientos de Nietzsche y de Foucault -cada uno a su manera- desculpabilizan la existencia, celebran la alegría y promueven resistencias necesarias al ritmo de “Una canción de baile”, como la que Nietzsche le dedica al Mistral (y de la que recordaré sólo unos fragmentos):

 

[…] bailando corro a tu encuentro,
bailando mientras tu silvas y cantas:
tu, que sin barco y sin remo
como el más libre hermano de la libertad
saltas sobre mares embravecidos.
 
[…] bailemos de mil maneras,
libre -sea llamado nuestro arte,
jovial -¡nuestra ciencia!
 
[…]Rujamos…oh, espíritu de todos
los espíritus libres, contigo a dúo
ruge como la tormenta mi felicidad
-Y para que sea eterna la memoria
de esa felicidad, toma su legado,
¡eleva hasta aquí contigo la
corona!
Lánzala más alto de la escalera del cielo,
y cuélgala - ¡de las estrellas!
[xvi]

 


 

[i] Nietzsche, Friedrish, Genealogía de la moral, Madrid, Alianza, 1980;”Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”, en San Miguel de Tucumán, Discurso y realidad, 1987; y El nacimiento de la tragedia, Madrid, Alianza, 1980. Foucault, Michel, Vigilar y castigar, México, Siglo XXI, 1985; La verdad y las formas jurídicas, Barcelona, Gedisa, 1980; y Las palabras y las cosas, México, Siglo XXI, 1983. Las dos primeras relaciones han sido profusamente analizadas por varios autores, respecto de la tercera (Nacimiento de la tragediaLas palabras y las cosas), véase una aproximación al tema en Díaz, Esther, “Nietzsche entre Las palabras y las cosas”, en Buenos Aires, Instantes y azares Nº 3, otoño de 2006; además de las propias citas de Foucault al respecto.

[ii] Cabe aclarar que por esos misterios de las traducciones y sus aceptaciones o rechazos, en algunos idiomas –entre ellos el castellano– el libro suele editarse con el nombre de La gaya ciencia. Nietzsche, desde su primera edición, lo tituló Die fröhliche Wissenschaft. José Jara traduce La ciencia jovial. (“La gaya scienza”) (Monte Ávila, Caracas, 1999) y alega que de ese modo respeta la idea del autor, no solo acerca del título de la primera edición, sino de la segunda; donde Nietzsche, además de conservar el título inicial: Die fröhliche Wisenschaft, le agrega un subtítulo ente paréntesis y con comillas (“La gaya scienia”) expresado en latín tardío propio de la cultura provenzal del siglo XII; la primera edición publicada por Nietzsche es de 1882 y la segunda 1887.

[iii] Nietzsche, Friedrich, La ciencia jovial, op. cit., parágrafo 370.

[iv] Nietzsche, Friedrich, ibidem, parágrafo 83.

[v] Ibidem, parágrafo 58.

[vi] Cfr. Foucault, Michel, Las palabras y las cosas, ob. cit.; La arqueología del saber, México, Siglo XXI, 1984.

[vii] Foucault, Michel, Las palabras y las cosas, op. cit. 374.

[viii] Justamente Nietzsche, en La genealogía de la moral, op.cit., analiza el nacimiento, en Occidente, de las relaciones de poder. El método consiste en estudiar las formas de ejercicio de poder, de las que surgen y se imponen verdades culturales (jurídicas, carcelarias, gubernamentales). Si bien en el libro II de ese texto se encuentra el meollo de la teoría foucaultiana sobre el poder, aquí se relaciona dicha teoría con La gaya ciencia, op. cit.. 

[ix] Ibidem, parágrafo 33.

[x] Foucault, Michel, Vigilar y castigar, ob. cit.; La voluntad de saber, México, Siglo XXI, 1980.

[xi] Foucault, Michel, “Una introducción a la vida no fascista”, en Remedios de Escalada, Perspectivas metodológicas Nº5, p. 79.

[xii] Foucault, Michel, El uso de los placeres, y La inquietud de sí, México, Siglo XXI, 1985 y 1986 respectivamente.

[xiii] Nietzsche, Friedrich, La  ciencia jovial, op-cit., parágrafos 2 y 33.

[xiv] Ibidem, parágrafo 2.

[xv] Foucault, Michel, Hermenéutica del sujeto, Buenos Aires, Altamira, 2005, p.53.

[xvi] Nietzsche, Friedrich, La ciencia jovial, op. cit., pp. 266 y 268.

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