Esther Díaz

ESTHER DÍAZ

Doctora en filosofía

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Edición vespertina de diario El Litoral del dia sábado 9 de julio de 2005

Esther Díaz, filósofa
Expandir el pensamiento

Esther DíazEs doctora en Filosofía. Especialista en Foucault. Y allana su lenguaje para que todos disfruten, como la música, de lo liberador que significa ejercitar el pensamiento.

Imagínese una profesora de Filosofía. Más todavía: a una doctora en Filosofía dando una de sus clases de Introducción al Pensamiento Científico en el Ciclo Básico Común de la UBA. A esa mujer explicando a Heidegger... Ahora bien: nada de lo que imaginó coincide con Esther Díaz. Porque no es una filósofa convencional. No es una catedrática en su torre de marfil. Ella se ha propuesto disparar el pensamiento filosófico en cualquiera de los mortales. Y por eso habla nuestro propio idioma.

Esther Díaz es doctora en Filosofía, especializada en el estudio de Michel Foucault. De allí que su materia sean temas ríspidos y siempre vigentes, como sexo y poder, y su interés, producir debate sobre ética y estética en un mundo cada vez más homogeneizante.

Estuvo en Santa Fe hace algunos días, invitada a las II Jornadas de Filosofía del Arte que organizó la filial local de la Sociedad Argentina de Profesores de Filosofía junto a varias instituciones educativas y culturales de la ciudad. Este encuentro tuvo como lema "el cuerpo del arte, las artes del cuerpo", y Esther Díaz desarrolló su ponencia "Esposas, concubinas y poder. El cine como revelador de dispositivos sociales", que implicó un análisis de la película "Esposas y concubinas", de Yang Simou, con el que ella une dos de sus pasiones: el cine y la filosofía.

En este abordaje, Esther reflexiona sobre la relación entre poder y deseo, en el mismo sentido en el que ya lo ha plasmado en uno de sus más de veinte libros, "La sexualidad y el poder".

 

Los modos del poder

"Yo estoy convencida de que, a través del análisis de buenas obras de arte de una época determinada, se puede hacer una composición de lugar del dispositivo social que imperaba en ese momento, en esa cultura. Pero como los temas que se tratan van mucho más allá de lo que se puede ver en una obra de arte, lo hago extensivo a lo existencial: veo la película, interpreto las relaciones de poder y de deseo que hay en el filme, y después las relaciono con la sociedad. Porque, si bien es cierto, las cosas que pasan en `Esposas y concubinas' están situadas a principios del siglo XX en China, también es cierto que las relaciones de poder -aunque aparentemente ahora no son tan crueles como se ven ahí- se siguen dando. Por ejemplo, el poder machista", argumentó la filósofa en una entrevista con Nosotros.

Esther Díaz habla de las relaciones de poder y las diferencias del dominio, "porque dominio sería cuando hay poder de una sola parte. Sin embargo, tanto en la película como en la sociedad, el que tiene el poder se cuida del qué dirán. Justamente, Michel Foucault, en el cual me inspiro para estos análisis, decía que el poder no es solamente represor, ya que, de lo contrario, no podría mantenerse. No seríamos tan tontos los seres humanos. Si el poder no nos diera algún respiro, habría en forma permanente revoluciones, rebeliones, estallidos sociales, crímenes. Por eso, lo fundamental del poder, más que las personas, son las estrategias: cómo mantener el poder, cómo ejercerlo, pero sin que se pase la mano porque se puede volver en contra".

 

Cómo ser mujer hoy

A lo largo de su propia vida, Esther Díaz ha sufrido las decisiones del poder. De niña quería ser escritora de ficción, pero su familia desconoció su deseo y no la dejó estudiar. Después cumplió la tradición de casarse, pero luego -ya divorciada y con dos hijos- trabajaba de peluquera durante el día y por la noche estudiaba. Hizo el secundario y después, la carrera universitaria. "El examen de ingreso a la universidad lo di a los 29 años, porque me había puesto la premisa de entrar antes de los 30 -cuenta ahora-. Yo escribo desde chiquita y siempre quise escribir ficción. Pero cuando vi los programas de la carrera de Letras, por lo menos, en ese momento y en esa universidad, dije: `Esto mata la creatividad. Acá si querés ser creativo, te ponen una morsa. De hecho, los grandes escritores difícilmente sean catedráticos. Borges, por ejemplo, no tiene ningún título universitario'. Entonces, pensé: `Voy a hacer una carrera muy fuerte, como es Filosofía, para tener una base teórica, y después voy a escribir'. Pero me enamoré de la Filosofía".

-¿Y cómo se dan en la actualidad las relaciones de poder?

-Ya que partimos de la película "Esposas y concubinas", donde se ve tan fuerte el paradigma machista y el sometimiento de las mujeres, en la sociedad vemos más o menos lo mismo. En el caso de las mujeres, somos minorías respecto del poder. Ya sé que numéricamente somos más que los hombres. Pero se dice minoría justamente porque tenemos menos poder que los hombres. Sin embargo -y no estoy libre del pecado-, si le tenemos que hacer un regalo a una nena posiblemente regalemos una muñeca, y si es para un nene, por ahí le regalamos una ametralladora. Seguimos reforzando ese modelo.

La mujer tiene someterse, tiene que estar en la casa, tiene que hacerse cargo de todo. Porque la liberación femenina implicó que tenemos más derechos, pero no menos obligaciones. A mí me gusta decir un slogan, copiando un lema político de los setenta: los Montoneros decían "Ni yankis ni marxistas, peronistas". Yo digo: "Ni siervas ni liberadas, sobrecargadas". Porque, evidentemente, no estamos como las mujeres encerradas en esas fortalezas, ya no somos siervas, pero tampoco somos las liberadas que creyeron las feministas de los sesenta, cuando se inventó la píldora y creíamos que teníamos la libertad sexual. Porque seguimos teniendo las obligaciones de cuando éramos las reinas del hogar, pero no saqués la pata que te la corto. Ahora podemos sacar la pata pero seguimos teniendo las obligaciones del hogar. Lo del paradigma machista sigue sirviendo. Otro lugar común es que, ante igualdad de trabajo, en muchos lugares el hombre gana más. Sin ir más lejos, en estos días se está dando un documental sobre las 65 maestras estadounidenses que trajo Sarmiento a la Argentina, que fueron las primeras. Yo creía que había sido plegándose a la tradición de que la maestra es la segunda madre, como una función tradicional de la mujer, pero no, la cosa fue mucho más pragmática: las maestras salían más baratas que los maestros. No fue ninguna ansia maternal, sino una cuestión económica. Eso pasó en el siglo XIX y todavía, en el XXI, está ocurriendo lo mismo.

 

Las artes del cuerpo

-El cuerpo de la mujer es un elemento de poder...

-Totalmente. Empezando por las mujeres de la política, por ejemplo. Se habla de los rollos de Lilita Carrió, las pieles de María Julia, de las bolsas de Fernández Meijide, de las extensiones de pelo de Cristina Kirchner, pero yo no escucho que se hable de la panza de algún político o de la pelada. O sea, el hecho de ser hombres los pone en el lugar que tiene que ser. Pero también debería suceder lo mismo con la mujer: si hay que hacerles críticas o halagos, que sean desde el punto de vista político o ideológico, pero no por lo que hace con su cuerpo.

Así, la mujer que se expone tiene que hacer un duro aprendizaje. Porque no sólo estamos ocupando lugares que tradicionalmente ocuparon los hombres, por lo cual se nos pasa factura, sino que -además- no tenemos parámetros. Por ejemplo, en mi caso, dentro de la Academia o dentro de mi profesión, debo reconocer con un poco de pudor que fui copiando el modelo masculino. A mi trayectoria la hice yendo al frente, dándome la cabeza contra la pared y, de hecho, hace 10 años que estoy con gastritis crónica. Y es por las peleas terribles que tuve. Si bien en el ámbito académico no me sentí discriminada por ser mujer, sí me pasa de sentirme discriminada por no compartir el pensamiento oficial. Sumado a eso, no me plegué al modelo de la mujer que acata, sino que quise ir al frente, y a todo eso lo pagás con el cuerpo.

Entonces, además de esa sobrecarga que hablamos, hay una exigencia de belleza. Estamos doblemente expuestas: por lo que hacemos o dejamos de hacer. Y es un lugar de tanto poder el cuerpo de la mujer, que se explota de una manera perversa. O sea: si el ideal de mujer y el ideal femenino son las "Pampitas", las que pasamos los treinta estamos fuera de carrera. Así como nunca me sentí agredida por ser mujer, sí soy agredida por vieja.

-Y en este escenario, ¿qué pasa con el cuerpo en las artes?

-Yo creo que hay corrientes que todavía no son muy fuertes en la Argentina, pero ya van a llegar. Hay pintores como Bacon que pintaron lo monstruoso de los cuerpos. Él tenía como modelo a una mujer muy gorda, la pintaba desnuda y él todavía la deformaba más. Y hay todo un movimiento que trabaja con cadáveres, pedazos de carne humana.

Yo veo que, desde las artes -que siempre son transgresoras por naturaleza-, hay un rescate del cuerpo en su integridad, no solamente del cuerpo bello, cosa que no se da en el espectáculo en absoluto. En el espectáculo, una mujer de mi edad, para poder ser protagonista tiene que ser Nacha Guevara. Y está muy bien en su caso, porque su vida es eso. Pero en el caso de quienes tenemos que estudiar y dedicarnos a otra cosa, ¿cómo hacemos para mantener un cuerpo así? Es un peso muy grande.

Sin embargo, en las artes propiamente dichas, creo que hay una apertura. Ya no es ese ideal griego, cuando solamente se esculpía o se pintaba el cuerpo perfecto. En las artes -que siempre están un poquito más adelante que el resto de la cultura- , se está rescatando el cuerpo del modo en que realmente somos los seres humanos.

 

Un profe no convencional

Esther Díaz es la más popular de las profesoras del Ciclo Básico de la UBA. Eso responde a que se comunica con sus alumnos en el lenguaje de ellos, y todo para expandir el pensamiento en una generación forjada por los códigos y la tecnología. Además, es una de las filósofas más consultadas por los medios de comunicación para el análisis de distintos temas de la realidad. Esto le valió integrar el grupo de catedráticos despectivamente llamados "mediáticos" por la Academia y por los autodenominados "académicos puros".

-¿Cómo se hace para seducir desde la cátedra de Filosofía?

-Yo siempre me planteo esto: ¿por qué la Filosofía tiene que ser solamente para los expertos, si es algo tan bello? Entonces, se me ocurre que la Filosofía debe ser como la música: que no es necesario ser experto para disfrutarla. Por supuesto, un experto la disfrutará mucho más que yo, que no soy música. Pero, ¿porque no soy experto no puedo escuchar a Beethoven? Si yo voy a disfrutar con eso, aunque no sea experta. Pasando eso al ámbito filosófico, yo pienso lo mismo. Es decir: si Sócrates viviera en este momento, seguro que le estabas haciendo un reportaje a él. Seguro que Sócrates iría a los canales de televisión. Porque él iba al ágora, a los lugares adonde lo podía disfrutar el esclavo, el artesano, el ciudadano. O sea: buscaba el contacto con el pueblo.

Entonces, voy adecuando el lenguaje según con quien estoy hablando. Yo hago mucho más por el pensamiento de un autor explicándolo para que todos lo entiendan, porque al que le interesa realmente el pensamiento del autor va a ir a la fuente, y al que no le interese, por lo menos escuchó un poco de melodía filosófica.

A esto habría que trasladarlo al karma que muchas veces son mis colegas: los profesores de Filosofía. Porque, así como hay profesores excelentes que tratan de aggiornarse y estar de acuerdo con las nuevas tecnologías que han constituido a estos sujetitos a los que les damos clase, también hay profesores que les dan a los chicos con tecnicismos y con un nivel tal de abstracción, que se preguntan: `Y esto, ¿para qué sirve?'. Y a la Filosofía, cualquier gran filósofo, la hizo desde el cuerpo, lo que pasa que está mediatizada por toda la sutileza que tiene el pensamiento. Entonces, si se le da académicamente a un chico del secundario Filosofía o cualquier otra materia, por supuesto que la va a rechazar.

¿Qué hago yo cuando tengo que dar clases a chicos de 18 ó 19 años que se constituyeron con el control remoto, se hicieron como sujetos haciendo zapping y no tienen por qué tener placer por la lectura, por empezar porque en su propia casa no leen, por seguir porque cuando pide un libro le dicen: `Comprate una fotocopia'. Y, ¿de golpe van a ser Einstein de la noche a la mañana? No. Entonces, como yo no puedo cambiar eso porque eso es la sociedad, tengo que adecuarme yo a los medios de ellos. Y esto no quiere decir bajar el nivel. Quiere decir que, una vez por semana, por lo menos, escucho Rock and Pop o MTV, para saber cómo anda el vocabulario, tengo CDs de rock de lo que escuchan, y cuando estuve en Londres, vi una remera de Pink Floyd y la compré específicamente para dar mis teóricos en la UBA.

Entonces, los chicos entran con el prejuicio de que van a escuchar una clase de Filosofía, pero ven a la profesora con una remera de un líder de ellos -y que no es falso, porque los aprecio realmente y me gustan, no es que me disfrazo-, ya les estoy haciendo un guiño, y después, sí, les puedo explicar Kant. Pero, ¿por qué? Porque les dije: `Estamos hablando de las mismas cosas'.

Es cierto que los planes de estudio son muy perversos. Por ejemplo, en esta provincia, especialmente perverso lo que tiene que ver con Filosofía. Es una bestialidad que la hayan sacado de muchas currículas. Y me he enterado de que a lo que se llama Filosofía del Arte le han sacado el nombre y le han puesto Estética. Y eso -ya que empezamos hablando del poder- no es ingenuo. Porque si se llamaba Filosofía del Arte, quienes estaban capacitados para dar eran o filósofos o artistas. Al ponerle Estética, ya los filósofos quedan en la cola y un arquitecto, por ejemplo, puede darla. O sea que fue una movida del poder, que se maneja también con el discurso para dejar fuera de la episteme, a la profesión que -se supone- tiene que pensar.

Entonces, un poco es culpa de los planes. Y especialmente lo que pasa en esta provincia es aberrante respecto de que se saque la Filosofía. Se saca el iniciarse a pensar por sí mismo.

 

Trayectoria

·  Esther Díaz es doctora en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Alcanzó el título con un 10 por su tesis "La ontología histórica en la temática filosófica contemporánea. Comunicación, poder y ética en la obra de Michel Foucault", año 1991.

·  Es investigadora de la UBA y del Programa Nacional de Incentivos a la Investigación Científica y Tecnológica.

·  Es profesora titular de Introducción al Pensamiento Científico en el Ciclo Básico Común de la UBA.

·  Es profesora titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Ciclo General de Ciencias Económicas, UBA.

·  Es profesora titular de Metodología de la Investigación en el Departamento de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Lanús. En la misma casa de altos estudios, es docente de posgrado: directora de la Maestría a Distancia Semipresencial Metodología de la Investigación Científica y profesora titular de Epistemología, en la Maestría en Metodología de la Investigación Científica.

·  En Investigación Científica y Humanística, es directora del Centro de Investigación en Teorías y Prácticas Científicas, del Departamento de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Lanús.

·  Es permanentemente convocada a exponer en jornadas, congresos y ponencias en distintas universidades del mundo.

Gabriela Redero 

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