Esther Díaz

ESTHER DÍAZ

Doctora en filosofía

Principal

Libros

Trayectoria académica

Capítulos de libros

Publicaciones

Medios masivos

 
EL MITO DE QUE EL PODER NO TIENE NADA QUE VER CON EL SABER.
LOS DIAGRAMAS INTERDISCIPLINARIOS


Esther Díaz



Mi intención es analizar el tema de la interdisciplinariedad desde los campos prácticos en los que la interdisciplina se ejerce realmente, e investigar así mismo otros campos en los que se impide que la interdisciplina se despliegue de manera efectiva.
La primera premisa que sostiene mi trabajo es que a nivel teórico la interdisciplina es una consigna que casi no se discute. Por ejemplo, la categoría de interdisciplina fundamenta y diagrama planes educativos en algunos países de nuestra región. Sin embargo -con honrosas excepciones- la aplicación real de la interdisciplina (en educación superior, en empresas, en programas de investigación, en institutos de salud, entre otros) choca con obstáculos para instrumentarse de manera solidaria, con respeto mutuo entre disciplinas y sin subordinarse unas a otras, es decir, con horizontalidad entre los poderes epistemológicos y los poderes de gestión.
Ante esta problemática, la hipótesis que guía mi trabajo es que la creencia de que el poder se ejerce de modo piramidal o vertical obstaculiza desarrollos sólidos de diagramas (o agenciamientos) interdisciplinarios, porque la interdisciplina, además de acuerdos teóricos y técnicos, requiere acuerdos estratégicos consensuados desde poderes horizontales, reticulares, con autoridad pero sin autoritarismos.


Entre los múltiples interrogantes que suscitan los temas interdisciplinarios he elegido dos preguntas como guía de esta comunicación:



I. ¿Cómo se forman dominios de saber interdisciplinarios a partir de prácticas sociales (poder)?
II. Una historia del conocimiento (genealogía), ¿puede despejar el campo de comprensión de los obstáculos con los que se encuentran los agenciamientos interdisciplinarios? Considero que la respuesta a la primera pregunta se comienza a iluminar si pensamos que las prácticas sociales generan dominios de saber. Y esos nuevos dominios de saber constituyen a su vez nuevos objetos, nuevos conceptos, nuevas técnicas y nuevos valores. Este proceso cognoscitivos y político (o de poder), a su vez, conforma nuevos sujetos. La segunda respuesta, por su parte, se fundamente en que la verdad tiene historia (no es atemporal ni formal), y que nuestro saber actual surgió de prácticas de control y vigilancia, fundamentalmente desde la biopolítica moderna reforzada con la biopolítica contemporánea.



La metodología de la presente reflexión se basa en el análisis de los discursos en relación con las prácticas sociales. No se analiza el discurso como hecho lingüístico sino desde su irrupción entre diferentes relación de poder. En el caso de las prácticas interdisciplinarias, como en todo emprendimiento institucional, los discursos y los silencios se dirimen mediante la polémica y la estrategia. Es decir, son del orden de lo político.


Apelo a dos metáforas o paradigmas de poder diferentes entre sí. Por un lado el poder entendido de manera piramidal y jerárquica. Este modelo de poder supone que quienes están en la cúspide de la pirámide aplican un poder vertical sobre “los de abajo”, que carecerían de poder recibiendo las coacciones que les imprimen “los de arriba”. La otra metáfora es la del poder reticular y horizontal. Aquí el poder se concibe como una red o malla que recorre todo el entramado social y atraviesa a todos los sujetos de un dispositivo. No se niega que haya ciertos núcleos con mucha intensidad de poder y otros que casi carecen de poder. Esta red se piensa con diferentes tramas, en algunos lugares de la red el tejido es muy apretado -he aquí la concentración del poder- y en otros el entramado es ralo, su entretejido deja buracos o zona carenciadas de poder.


Sabido es que el poder no se posee, el poder se ejerce. Y no de manera unilateral sino como poder y contra-poder, como potencia y resistencia. Además el poder es productor. Si pensamos en la red institucional que sostiene los agenciamientos (o diagramas) interdisciplinarios, podemos deconstruir el poder piramidal, posibilitando un intercambio ágil entre diferentes saberes.


El imaginario social que alienta a la mayoría de las instituciones es el del poder piramidal. Pues independientemente de que el poder siempre se da en dispositivos y que estos son reticulares, existen imaginarios institucionales que se rigen como si el poder realmente fuera piramidal. Algunos de los organismos productores o ejecutores de saberes en la red institucional que sostienen los agenciamientos interdisciplinarios son el hospital, la escuela, la empresa, la universidad y las agencias de investigación. Deconstruir el poder piramidal posibilita un intercambio ágil entre diferentes saberes. Pero quienes ejercen densamente el poder suelen formar dispositivos cerrados sobre sí mismos en su afán de hegemonizar. Esto no favorece el intercambio dificultando por lo tanto el accionar de lo interdisciplinario.


Ahora bien, cabe preguntarse, ¿Por qué los dispositivos piramidales obstaculizaban la realización efectiva de diagramas interdisciplinarios? Porque al ser un poder con pretensiones jerárquicas, y aparentemente “dueño” de la verdad, choca con la circulación real de los poderes que atraviesa a gobernantes y gobernados, a autoridades y subordinados, a docentes y alumnos, a todos los miembros de un proyecto de investigación. Las prerrogativas que otorga un poder jerárquico propician -entre otras cosas- falta de espacio crítico. La crítica es tan necesaria hacía el interior de cada disciplinas como en la interrelación de unas con otras. No menos necesaria es la libertad, que es un elemento indispensable para intercambios innovadores. Incluso se puede pensar el accionar de la interdisciplina como un rizoma, en tanto categoría de pensamiento, tal como lo proponen Deleuze y Guattari, cuya condición de posibilidad sea justamente la horizontalidad de un poder que avale un saber entre heterogéneos.


Pero aquí se presenta una paradoja, ya que el saber interdisciplinario consiente de serlo, surge de las universidades. Sin embargo, la institución Universidad, desde su creación en el siglo IX, ha propiciado el aislamiento de los saberes: Facultad de Medicina, Facultad de Teología, Facultad de Humanidades y más y más compartimentos estancos. Estos dispositivos de poder-saber- en su estructura profunda todavía no se han desarticulado. Recién en la década de 1960 se originaron fuertes corrientes de opinión rescatando los beneficios de la interdisciplina. El dispositivo de poder universitario necesita flexibilizarse y presentar fronteras porosas para que los saberes puedan intercambiarse de manera fecunda.


Los dispositivos de poder tienen sus territorios inmanentes. La arquitectura, por ejemplo, da cuenta del esquema de poder sobre la que se consolida. Los edificios -con sus separaciones edilicias para diferentes disciplinas o sus panópticos- materializan los esquemas jerárquicos. Ejemplo: hospitales o universidades en los que la salud mental está fragmentada en edificios de “Servicio o Facultad de Psiquiatría” por un lado y “Servicio o Facultad de Psicología” por otro. Analizar las disposiciones arquitectónicas es una perspectiva posible para comprender cómo se distribuye el poder en el interior de dichos edificios y por lo tanto en las instituciones.


Otro importante elemento de análisis es la realización efectiva de las prácticas profesionales que, en general, suelen reforzar los esquemas piramidales. Es común que las enfermeras estén subordinadas a los médicos, a pesar de que sus créditos académicos sean equivalentes o, en algunos casos, existan enfermeros con títulos habilitantes superiores a los de algunos médicos (doctores en enfermería versus médicos sin posgrados), pero en la práctica no se termina de reconocer su rango. También representa un obstáculo para la puesta en práctica de dispositivos interdisciplinarios el lugar común del discurso neopositivista, que considera que las ciencias sociales son epistemológicamente inferiores a las ciencias naturales o “duras”.


Todo lo aquí expresado no niega que existen espacios en los que los diagramas interdisciplinarios funcionen. No obstante considero que a nivel general la interdisciplina real y concreta sigue siendo una ilusión.


Se impone una aclaración, en el presente trabajo utilizo los términos “diagramas” y “agenciamiento” como sinónimos para referirme a multiplicidades heterogéneas que se unen o conforman unidades de análisis o tareas en común. Estas relaciones son equitativas (no jerárquicas ni discriminatorias) entre profesiones, edades, sexos y diferentes reinos (humano, animal, vegetal). En el agenciamiento se producen alianzas entre objetos, cuerpos y enunciados de modo horizontal, no se piensa en infraestructura ni en superestructura. Se trata de pensar desde otro lugar. Desde territorios no hegemónicos sino desde diferentes perspectivas. Se trata de un inter-juego entre signos y cuerpos como componentes de una misma máquina. Aunque obviamente existe pluralidad de máquinas.
Los enunciados interdisciplinarios no soportan sujetos individuales, necesitan agentes colectivos. Sin personalismos y con consciencia de la circulación del poder y los inter atravesamientos de saberes. Ocurre que si el poder se considera así mismo piramidal favorece los intercambios autoritarios y trascendentes que operan en contra del trabajo interdisciplinario eficaz. Por el contrario, si el poder se asume como red o malla se favorece la distribución equitativa, las relaciones concretas y los intercambios democráticos e inmanentes, que favorecen los desplazamientos entre diferentes epistemes.


Cuando los equipos interdisciplinarios se organizan siguiendo el esquema piramidal de poder se dificulta la integración real por falta de equidad. Utilizando un concepto de Bourdieu entiendo que se debe realizar una “vigilancia epistemológica” consensuada puntillosamente entre todos los miembros de un equipo. El dispositivo no es jerárquico pero requiere responsables, y la vigilancia epistemológica consiste (en este caso particular) en estar atento a que los responsables de los equipos no se enamoren del poder. Es importante también controlar que los discursos sean adecuados a las prácticas.


Veamos un ejemplo de la vida real. Hace dos meses, en un congreso en un Hospital Público del conurbano bonaerense (Argentina) no se permitió la asistencia de enfermeros y obstetras, ¡el tema del congreso era la Interdisciplina! Y, cuando las conferencias versaban sobre ciencias sociales o humanidades, aproximadamente la mitad de los asistentes -en su mayoría médicos- abandonaban la sala de conferencias porque la filosofía o la sociología “no les servía para nada”.


Ilustro el tema con un nuevo ejemplo: Durante 2011, en una Jornada Universitaria sobre Interdisciplina en la región argentina de Cuyo (zona de conflictos en torno al abastecimiento de agua). Las primeras conferencias de la jornada fueron filosóficas y científico-sociales. El resto del día expusieron ingenieros y, en varias oportunidades, expresaron que “de filosofía ya se había hablado bastante, ahora había que dedicarse a temas importantes” (!!!).


Entiendo que estos ejemplos son efectos de superficie, pero las raíces de estas manifestaciones hostiles a la interdisciplina deben buscarse en las estructuras profundas de nuestras sociedades y en las prácticas profesionales heredadas. Esas estructuras y esas prácticas son paternalistas y autoritarias Esto se traslada al saber. Los profesionales que ejercen poder institucional piramidal inhiben la creatividad de los equipos interdisciplinarios. También entre pares se pueden detectar coacciones que imposibilitan líneas de fugas del deseo. Las líneas de fuga son indispensables para la creación; ya se trate de creación científica, humanística o artística.


Destaco tres ejes de investigación entre las que conforman este marco teórico. En primer lugar el hecho de que nuestra cultura, desde Platón en adelante, se haya aferrado al mito de que el poder no tiene nada que ver con el saber. En segundo término el trabajo genealógico de Nietzsche que ha dejado en claro que detrás de todo saber se esconden siempre luchas de poder. Y por último las investigaciones de Foucault sobre esta problemática, que podrían resumirse con su manifestación de que no existe fragmento de verdad que no esté atado a condición política (es decir a relaciones de poder).


Considero que la complejidad del presente asunto debería abordarse desde prácticas discursivas y no discursivas micropolíticas. ¿De qué manera? Comenzando con una deconstrucción de las formas de discriminación que representa una tecnología de poder (o contra-poder), para enfrentar las veladas configuraciones de dominación que entorpece el éxito de las prácticas interdisciplinarias, a las que aspiramos como parámetro de excelencia.


Expongo ahora algunas consideraciones finales. Entiendo que se trata de resistir la exclusiones, tanto aquellas monumentales y acuciantes que nos rodean y aplastan, como las menores y aparentemente insignificantes que entorpecen la interacción entre los saberes y la reafirmación de la vida. Entiendo asimismo que no es necesario ser solemne para ser sólido. Por consiguiente si la búsqueda interdisciplinaria es alegre y vital resulta más fecunda no solamente como emancipación personal sino también como aporte para la ciencia, la docencia y demás actividades cognoscitivas y sociales en las que estamos comprometidos.







Principal

Libros

Trayectoria académica

Capítulos de libros

Publicaciones

Medios masivos