Esther Díaz

ESTHER DÍAZ

Doctora en filosofía

Principal

Libros

Trayectoria académica

Capítulos de libros

Publicaciones

Medios masivos


«La Asamblea. La Argentina en cuestión»

Aparecido en
Caras y Caretas,  año 44, Nº 2.188, Julio de 2005, Debate Guy Sorman, Emir Sader, María Toledano (extranjeros) y Esther Díaz.

 

-Emir Sader (Brasil)

Mirada desde afuera, aunque desde cerca –por cercanía física y también de sangre derramada-, Argentina me suena como un desperdicio –si la palabra no es demasiado simple para designarlo. Un país con una extraordinaria creatividad literaria, con un cine formidable, con un movimiento social inagotable, con una intelectualidad de alto nivel –pero que no logra cuajar todo ello en fuerza política. Es como si ese karma de que “todo tiempo pasado fue mejor” recayera sobre el presente como una dictadura de los muertos sobre los vivos, del pasado sobre el presente.

Uno se da cuenta cómo el miedo empuja hacia atrás, cómo los temblores no tan lejanos han hecho recaer sobre la sociedad un manto de escepticismo, de agotamiento, casi de abandono.

Mientras que el país nos sorprende con fuerzas que saca no se sabe de dónde y que reflotan en iniciativas políticas que nos habían dicho que eran imposibles –primero la paridad, después, para el bien, la reestructuración de la deuda. El boicot a las gasolineras extranjeras que elevaron el precio, para doblegarlas. La recuperación y puesta en funcionamiento de fábricas cerradas por sus antiguos dueños. Una prensa que no termina de sacar nuevas revistas, un cine que es el que mejor capta los temas contemporáneos de nuestro mundo.

Siempre nos preguntamos por el enigma argentino y recaemos en el peronismo. Sobre el cual no se pude afirmar cosas que no combinen el punto de vista de adentro y el de afuera, el de ayer y el de hoy, para ver si hay mañana para una corriente que corre desde hace 60 años. Y para saber si el futuro de Argentina todavía pasa por él o es otro.

Cualquiera que sea, mirada desde afuera, aunque de cerca, Argentina me parece eso: un enigma. Pero algo me dice que después de este gobierno ya nada será como antes, no porque haya cambiado el país, sino porque todo lo que ya ha vivido Argentina en este siglo muestra, para el que quiera ver, que el futuro del país está mucho más abierto de lo que las nostalgias del pasado presagian.

 

-RESPUESTA DE ESTHER DÍAZ.

Seguro que Argentina, actualmente, es un desperdicio si se la mide exclusivamente con parámetros económico-políticos. Pero utilizar sólo esas variables implica reduccionismo a las leyes del mercado y del Estado. La realidad argentina –como la de tantos otros pueblos- bulle en matices, asiste a cambios vertiginosos, se recrea continuamente. Hay cosas que permanecen, también se mueren otras. Lo político-económico es importantísimo, pero dista de ser el único parámetro para medir los fenómenos humanos. No obstante estoy totalmente de acuerdo con Sader respecto de la nostalgia. El imaginario social argentino se alimenta de ese pasado que siempre fue mejor. Este es un debate que nos debemos.

Considero acertado también el tema del miedo. Por supuesto que en la Argentina se han intensificado los miedos. Pero no se entiende la contradicción de Sader, pues dice que el miedo retrotrae a la Argentina, e inmediatamente agrega que este país saca fuerzas no sé de donde para reflotar en iniciativas políticas con las que acuerda, evidentemente.

Cuando Sander se pregunta acerca del enigma argentino, titubea para decir algo así como que tal vez habría que buscar su revelación por el lado del peronismo. Creo que sería un buen tema para pensar, pero como puerta de entrada a la problemática argentina. Pues hay algunas cosas más para analizar y sopesar, y no exclusivamente ideológicas. Todos los reduccionismos (en este caso, el político) terminan siendo funcionales a los poderes hegemónicos que, por supuesto, geográficamente están muy lejos de la Argentina

 

-Guy Sorman (Francia)

Hace tiempo que me equivoco sobre la Argentina, hace tiempo que repito que este país parece europeo en lo que se refiere a los ámbitos económico, político y cultural. Sin embargo, debo reconocer que al día de hoy, la Argentina vista desde afuera da la impresión de ser un país que no tiene una estrategia y que está siendo gobernado un poco día a día. Actualmente se percibe en el país una pasividad intelectual. Estoy un poco decepcionado por lo que sucedió desde el segundo mandato de (Carlos) Menem en adelante. Hay que ser sinceros, hoy en día la Argentina desapareció del radar mundial. Existe en este país un proceso de profundización en la crisis económico-social, esa es mi visión desde el exterior.

Por otro lado, es cierto que, aunque los ciudadanos no lo tengan presente, están mejor que hace 20 años. Yo me acuerdo de las amenazas de golpe de estado permanente y la hiperinflación. Había con qué volverse loco. Ese miedo desapareció, Argentina está enferma todavía, pero menos que hace 20 años, y eso me parece positivo.

 

-RESPUESTA DE ESTHER DÍAZ.

No seremos los reyes de la estrategia, reconozcámoslo. Pero de ahí a afirmar un tanto ligeramente que no hay ninguna estrategia como país, hay un precipicio. “La historia no da pistoletazos”, decía Hegel refiriéndose al esfuerzo que se debe hacer para llevar adelante una gran empresa, aunque por momentos tabaleé. En la apreciación sobre la cultura argentina, de Sorman, hay preeminencia exitista, El hecho de que afuera no se conozca (o de que esta persona no conozca) más obra argentina no es prueba de que no haya producción, además de la posición evidentemente sesgada de esa afirmación, puesto que el cine, la literatura, la plástica, las interpretaciones de diferentes artes y varios deportes, entre otras manifestaciones (como algunos logros científicos y humanísticos) traspasan largamente los límites de nuestro territorio. Muchos son los motivos por los que no se nos conoce. Decir que la Argentina no produce cultura porque ésta no se conoce afuera, es medirnos con la vara de un capitalismo elitista que instaura que si algo no es famoso, no es bueno.

 

-María Toledano (España)

Es muy difícil resumir qué representa Argentina. Su honda cultura popular, el mestizaje y la variedad hacen de este país un permanente sobresalto y un motivo de atención política y humana. Argentina es un país vivo -aunque maltrecho- sometido tanto al capricho del FMI como a los vaivenes de su propia historia. El recuerdo de Perón, la criminal dictadura fascista, las leyes de punto final, Alfonsín y sus debilidades, Menem y la crisis económica son buena prueba de esta trágica inestabilidad. Argentina es un país con tanto futuro como pasado. Recuperar la senda perdida del progreso y el bienestar social debería ser el principal compromiso del actual gobierno. Un gobierno que, pese a algunos errores estratégicos, parece -desde la distancia y el respeto por las decisiones populares- que avanza.

Argentina tiene que recuperar el lugar que le corresponde dentro del contexto americano y mundial. La política internacional debería ser, junto con la lucha permanente contra la desigualdad social y la estabilidad política, uno de los principales ejes del actual gobierno. Los pasos dados -vistos desde la distancia- parecen correctos. Perseverar en esa dirección es necesario. Argentina crece. Su visión irónica y desgarrada de la existencia y su frescura creativa deben impulsar la construcción de sociedades más justas. El ejemplo argentino, junto con los esfuerzos brasileños, venezolanos y uruguayos -Cuba al fondo- podría extenderse como un río de esperanza a través del continente. Es atrevido valorar el momento político, social y cultural. Confío en una reconstrucción fuerte de la izquierda argentina, en organizaciones capaces de frenar el atroz avance de la democracia de mercado. Confío en la capacidad de respuesta del pueblo. Los que perdimos la guerra de España sabemos que cuando se pierde, el peso de la derrota se arrastra como un fardo de piedra. La historia reciente de Argentina es una historia de derrotas y traiciones. Como la española. Cambiar de rumbo -aunque sea en marcha- es posible. El pueblo argentino, pese a sus contradicciones y comprensibles miedos, puede hacerlo. Si no es ahora, ¿cuándo?

 

-RESPUESTA DE ESTHER DÍAZ.

Habría que pensar si las soluciones preestablecidas, como las que pueden aportar las diferentes ideologías, por buenas intenciones que tengan, (Toledo propone la izquierda, pero podrían ser otras) son apropiadas para cualquier circunstancia. Tal vez sueño un imposible, pero pienso en multiplicidad de movilizaciones locales, micro, situadas que, aun siendo diferentes de muchísimas otras micro-movilizaciones, en algún momento crucial de la historia, establecen una especie de equivalencia. Ahí adquieren una fuerza capaz de mover fuertes estructuras de poder. Y puede surgir un nuevo orden. Pero, como dicen por ahí, en este país hay escepticismo. Encuentro muy saludable que así sea. Es un principio de realismo, de pies sobre la tierra. No confundir con pesimismo, que arroja a la inacción. El escepticismo, en cambio, nos hace tomar distancia del estado de las cosas para poder dimensionarlas mejor, para aceptarlas en su forzocidad y para modificarlas en sus contingencias.

 

Principal

Libros

Trayectoria académica

Capítulos de libros

Publicaciones

Medios masivos