Esther Díaz

ESTHER DÍAZ

Doctora en filosofía

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El himen como obstáculo epistemológico

Sandra Chaher

Artemisa Noticias
, 23.2.2006

 

Cuando uno lee un libro promocionado como de relatos eróticos, imagina que la lectura le provocará cosquilleos ardientes. Si ese texto es El himen como obstáculo epistemológico, es bueno estar atento al título –que ya sugiere bastante- pero también al subtítulo: Relatos sexuales de una filósofa.

La autora es Esther Díaz, que ya antes incursionó en el cruce de la filosofía con otras disciplinas y géneros (Buenos Aires, una mirada filosófica, en el que el urbanismo le hacía lugar a la reflexión filosófica y viceversa).

En El himen… (editado por Biblos), la cuestión es más compleja porque los relatos eróticos –a diferencia de la disciplina urbanística- pertenecen al género literario, refractario a reflexiones analíticas que pueden dejar duro, pero de frío, a quién las lee.

Algo de esto pasa con El himen… No esperen de este libro provocación abrasadora.

Pasada esa desilusión –si es que alguna vez el lector esbozó una fantasía lujuriosa-, hay una segunda lectura posible, y una segunda oportunidad para estos relatos: leerlos como crónicas sexuales urbanas. Esther Diaz tiene el raro mérito entre los filósofos de conocer la calle, estar conectada con el entorno, palpitar con la ciudad y los personajes más marginales que la habitan. En lugar de escribir desde el escritorio, parece hacerlo desde el banco de plaza. Desde allí imagina los deseos agazapados o evidentes de cartoneros, violadores y chicas que caminan la noche con tacos altos y sin tapujos (no estamos hablando de prostitutas).

Otra fuente de la que parecen abrevar sus relatos son las crónicas policiales: paidófilos, médicos depravados, mujeres que laten por los agujeros recién hechos en su cuerpo por el bisturí.

Y detrás, una especie de deseo de denuncia, de contar desde el morbo admitido y legitimado por el soporte del erotismo, estas nuevas situaciones que los medios denuncian como si dieran la hora y que a nadie parecen asombrar.

También están los textos breves (brevísimos algunos) que explotan la veta erótica de la maternidad, y los deseos paidófilos nunca consumados pero latentes. No hablamos de incesto nada más, quienes despiertan la lascivia de los personajes de Diaz son bebés de meses.

No lean El himen… esperando que los acompañe en el viaje que los sumiría Historia de O -de Pauline Reague (en verdad Dominique Aury)- o Amatista - de Alicia Steimberg-. Sumérjanse en él quienes estén interesados en relatos sexuales… de una filósofa.

 

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