Esther Díaz

ESTHER DÍAZ

Doctora en filosofía

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LENGUA DE LOCA

Las tareas que el debate nos dejó

Ya es ley y es gracias a militancias de larga data y su alquimia con las nuevas generaciones: ahora el desafío es que el aborto legal se aplique sin objetores de conciencia ni discursos de doble standard. Nuestra filósofa punk reflexiona sobre la tecnología que puso los cuerpos en la calle en un tránsito irreversible. 

Por Esther Díaz

¿Qué diferencia existe entre un embrión uterino y un embrión congelado? Que el congelado está adentro de un artefacto y el uterino adentro de una mujer. Ya es hora de terminar de correr ese telón. No se trata de defender “la vida” -así, desde la abstracción- sino de defender la vida, la libertad y el goce de quienes están en condiciones de decidir sobre su propio cuerpo sin objeciones ni tapujos. 

El feto gigante mal llamado "bebé"; manchado con tintura roja ¿representa personas? Entonces los embriones que yacen en los frigoríficos científicos son personas, y las clínicas que practican inseminación artificial, asesinas seriales. Este teorema se anula por absurdo. Así como es absurdo proclamar que una ley obliga a toda la población involucrada a hacer lo que autoriza. Existen leyes milenarias que validan el matrimonio entre dos personas, pero esas leyes no impiden el celibato (de los sacerdotes católicos, por ejemplo). Existen leyes contra el abuso infantil, pero no solo no se cumplen, hay instituciones impunes que lo practican y autoridades que lo encubren. Dicho sea de paso, suelen ser las mismas que hoy se rasgan las vestiduras por la ley que autoriza a las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo.

El cuarenta por ciento de los embriones crioconservados muere en el traspaso de la heladera a su fijación positiva en el útero, el resto está condenado al congelamiento con final incierto, cuando no a la manipulación genética. Son más de cincuenta mil en Argentina. En las manifestaciones antiderechos no se ha visto (ni defendido) ningún “bebé” frizado. La indiferencia con esas “personas” en el hielo es prueba de que no son consideradas personas ni por los “pro/vida”. ¿Vida? No, es una cuestión de poder. Incluso delimitar el debate a la vida feto/embrionaria deja de lado a las mujeres vivas con pasado e historia. Quedó claro que la causal pro-vida no es la defensa fetal. Es el temor del patriarcado a perder privilegios. La mayoría de los votos a favor de la IVE proviene de mujeres, la mayoría de los votos en contra, de varones. Producción, reproducción, servicios laborales baratos -cuando no gratis- y control corporal, eso es lo que no quieren perder. 

Deconstruir los resortes de la antigua y renovada epopeya contra la autonomía femenina es una tecnología de poder militante. El análisis de los discursos misóginos alumbra la senda para afrontar la nueva etapa: la reglamentación y puesta en práctica de la Ley. Habrá juicios, demoras, forcejeos, sabotajes, objetores de conciencia de clínicas privadas y su personal (que tiene ahí su fuente de ingreso). Habrá obstáculos corporativistas, chicanas mediáticas y ausencia de cumplimiento en ciertos territorios. Salta tiró la primera piedra y en Yerba buena, Tucumán, bandera a media asta por el aborto legal. Nunca visto por las mujeres muertas en clandestinidad. 

Si la Educación Sexual Integral está lejos de ser cabalmente implementada, y otro tanto ocurre con el Plan nacional de prevención del embarazo no intencional en la adolescencia, ¿qué cabe esperar en la instrumentación y garantía al acceso al aborto ya legal? Maraña de obstáculos, artimañas machistas, ideologías reaccionarias. También servidumbre voluntaria de algunas legisladoras, mediáticas y otras que, sin argumentos, rechazan razones comunitarias, científicas, estadísticas, solidarias y solo agitan dogmas religio-misóginos. 

¿Qué hacer con esta avanzada de las tinieblas retrógradas en el tercer milenio? ¿Cómo se constituye el dispositivo resistente? Argumentos sólidos y acción. Militancia aguerrida y gestión estatal. Macro y microinterpelados. La macropolítica es del orden de las acciones estatales y/o partidarias cuyas formaciones institucionalizadas operan públicamente (oficialismos y oposiciones), se rige por grupos de ideología compartida y sistema jerárquico. La micropolítica, en cambio, responde a formaciones espontáneas y plurales -aunque comparten objetivos valiosos-, intenta ejercer influencia y protección a entidades discriminadas (personas, especies, cultura) o abusadas por los poderes formales o fácticos. La circulación del poder es horizontal. 

La eficacia de la micropolítica se produce cuando sus movilizaciones y acciones impactan sobre lo macro ampliando los derechos de las minorías (las mujeres somos mayoría numérica, pero minoría respecto del poder). La Campaña Nacional por la legalidad del aborto nació de largas micromilitancias y consecuentes Encuentros de mujeres que -con el paso del tiempo- devino ola verde no jerárquica. Confluencia de feministas históricas y pibas de nuevas generaciones bregando por sus derechos que, finalizando el pandémico 2020, colisionó en lo macro y logró ampliar las garantías de las personas gestantes.

La Ley es necesaria pero no suficiente, hay que hacerla viable sorteando obstrucciones, dogmas religiosos incrustados en lo cívico, escraches, rituales fetichistas o apología del delito, como el cura Nicolás Vilches auspiciando femicidios o, anteriormente, el obispo Antonio Baseotto incitando a asesinar al ministro de salud. Pero de las treinta y nueve mil internaciones por abortos clandestinos, y de las muertas desangradas en tugurios no se habla ni vemos banderas a media asta en su honor.

* * *

“El tema del aborto es clave porque cristalizó la respuesta de a quién pertenece un cuerpo, quién tiene el poder sobre los cuerpos. También hace ver cómo los poderes laicos metieron dentro de sus leyes una moralidad cristiana”, afirma Judith Buttler. Esto se constata en el discurso y actitudes contrarias a la Ley. Una alianza entre el fundamentalismo religioso y el conservadurismo político aferrados al poder patriarcal que hoy como ayer quiere imponer el sometimiento de mujeres y disidencias. La postura antiderechos se mueve bajo el manto protector que entroniza al hombre como patrón y reduce a la mujer a sierva reproductora. Si se aplica un mínimo de lógica para juzgar el accionar de la oposición al aborto legal, la conclusión es más que evidente. No es el embrión o feto lo que está en juego, es el riesgo de perder dominio sobre la mujer, su cuerpo, su goce, su deseo. Reconocer esta realidad ayuda a generar intercambios e intensidades para seguir construyendo conceptos y derogando leyes vetustas y perjudiciales para la salud pública y el bien común. Ahora debatamos y hagamos efectiva la separación de las Iglesias y el Estado.

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