Esther Díaz

ESTHER DÍAZ

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12 de junio de 2020

LENGUA DE LOCA

El eterno retorno

El vacío de la realidad virtual impone una pregunta sobre el modo de habitar los nuevos espacios de comunicación. Y ese deseo "de volver a la normalidad" que ya es mantra colectivo ¿cómo puede leerse entre líneas? ¿será posible un aterrizaje suave o tendremos que pensar en nuevas realidades, aunque nos duela? 

Por Esther Diaz

Imagen: Sebastián Freire

"Allí donde crece el peligro crece también la salvación", exclama Hörderlin, atónito ante los misterios vitales que agreden y salvan al mismo tiempo. “Allí donde crece el veneno crece también la salud”, podemos decir quienes navegamos la pandemia. Sobrevivimos en el acto sacrificial de someternos a aislamiento y blindaje corporal y -cuando aparezca una vacuna- nos inocularemos dosis de enfermedad para no enfermarnos. La inmunización nunca es gratuita y hasta que se descubra una de laboratorio nos preservamos a costa de pérdidas o suspensiones.

Pero, ¿qué lugar se le otorga a la pérdida?, ¿qué ritmo de vida queremos recuperar?, ¿qué queremos que retorne y qué querríamos que no? Por un lado, habría que asumir las pérdidas y, por otro, inventar otras historias para nuestra existencia. Sin dejar de lado que hoy vivimos como pérdida algo que quizás sea kairós, el momento oportuno para lanzarse a una nueva experiencia.

Es muy difícil trasladar nuestro lenguaje corporal a la imagen virtual, expresa Marina Otero, artista escénica y docente. ¿Cómo hacer para seguir investigando desde el encierro y compartir? Es lo virtual o nada. El punto más difícil es la pérdida de conexiones físicas. En esa extraña mostración de intimidad de las telellamadas habría que rememorar la plenitud sensorial y no hacer foco solo en la mirada. La copia sirve para entrar en calor, pero actuar es otra cosa. Desconcierta no percibir la energía de los demás cuerpos. ¿Cómo trasmitir sensaciones y potenciarlas? Tal vez trabajando con los archivos del recuerdo que guardan los cuerpos. Pero, ¿los sentidos?, ¿y percibir colectivamente? Hay un vacío en la soledad virtual.

Como en una linterna mágica se suceden las incongruencias. Trabajadores informales y pintores callejeros a la deriva, docentes de baile o educación física sin poder corregir volúmenes (no imágenes), artistas de materias plásticas dando clases “en el aire”. Subjetividades inmateriales.

La virtualidad limita, pero existen presencias encerradas que horrorizan. Abusos, maltratos, recargo en las tareas domésticas que mayormente recaen en las mujeres. Pérdidas corporales y pérdidas por poner el cuerpo. Es el precio de la inmunidad para quienes vivimos en comunidad.

Lo que nos hace semejantes es el hecho de que cualquiera puede dañar a cualquiera. "El hombre es un lobo para el hombre". Hobbes marca la contradicción de aunarse en comunidad para encontrar seguridad y también hostilidad. “Desahogo” denomina el alcalde de Buenos Aires a la actitud de correr en manada y sin protección el día más mortal de la ciudad, “desahogo sexual” denomina un fiscal a la violación en manada de una niña de dieciséis años. En los dos ejemplos la manada pertenece a la clase acomodada.

Roberto Esposito se pliega a la tradición filosófica de pensar la comunidad en relación con el contagio. La comunidad necesita inmunidad: podemos ser huésped del enemigo, alojar al golpeador en casa, al covid en el cuerpo, a un virus en la computadora. Los países exclusores consideran que los migrantes son pandemia. Buscan salvación, encuentran perdición. En cuarentena la vida se sacrifica a su conservación. El aislamiento nos aleja del virus y en su altar ofrendamos nuestras pérdidas. Imposible no reconocer el residuo de irracionalidad que palpita aún en el más racional de los sistemas comunitarios. Conservación e inmolación. La inmunización contemporánea alcanza el ápice de su propia potencia destructiva. Se trata de una tensión entre pérdida y reencuentro, riesgo y refugio, fuga y retorno.

Esposito escribió Immunitas en tiempos de pandemia VIH, hay juegos de espejos con la actual. La emergencia epidemiológica de las grandes enfermedades infecciosas tiene implicaciones económicas, jurídicas, políticas y militares. Informes de la CIA ubicaban al sida entre los primeros de setenta y cinco factores de desestabilización planetaria: revoluciones, genocidios e instauraciones de dictaduras como consecuencia del derrumbe demográfico en varios países. Se utilizaba la terminología militar con la que, en ámbitos científicos, se ilustra el funcionamiento del sistema inmunitario. Guerra, lucha, combate, victoria. Al peligro cada vez más difundido que amenaza a la comunidad responde la defensa cada vez más compacta de lo inmune. Pero la inmunidad es un privilegio, ¿cómo inmunizarse en el hacinamiento, la falta de agua, la carencia de medios o la situación de calle?

Retomando lo que perdimos con el virus, escuchemos a Alejandra Gabriele, docente en UNCUYO. En la cátedra hay trescientos estudiantes. Debo tomar exámenes virtuales. Veinte páginas de preguntas estructuras en una plataforma educativa. Cargar las preguntas para cada parcial lleva diez horas. ¿Resultado? Sepulcro del diálogo. Frustración. Perdí la fecundidad de pensar juntos. La pasión se contagia en el aula, entre las vibraciones de los cuerpos. Me siento una asesina de filósofos convirtiéndolos en respuesta de verdadero o falso.

Pero también están los que ganaron. La industria digital en general y la del gaming en particular. En la Argentina los dividendos por videojuegos aumentaron un doce por ciento a partir del aislamiento, y los más populares como Fornite, Garena Free Fire y League of Legens (LoL) crecieron ciento diez por ciento. Batallas, luchas de sobrevivencia, salvación del mundo. Parece que en una nueva versión, en vez de perseguir humanoides se enfrentarán con los anticuarentena, esos que se manifiestan portando en el pecho la foto de Videla.

Otros que ganaron son los proveedores de contenidos pornográficos, objetos y prevenciones sexuales. Sus ingresos se multiplican y siguen creciendo. El vibrador Whisper Rabbit, del portal Pornhub, es el más solicitado y el más silencioso. Que nada perturbe la paz de los sextings.

Phármakon connota remedio y ponzoña. Lo que cura puede matar. Paracelso estipulaba que no hay veneno, hay dosis. Vacuna, veneno diminuto que inmuniza. A falta de ella apelamos al aislamiento sanitario. Protegemos la vida a costa de perder libertad de circulación, contacto con la naturaleza, educación presencial, encuentros amorosos, familiares y amicales, atención de otras enfermedades, entrenamiento, viajes, bares, arte, espectáculos, fiestas, sexualidad carnal. La vida reclama descargar su fuerza conservándose (no liberando cuarentena en pleno brote). Cuidando se resignifican las pérdidas. ¡Ah!, y no olvidar que phármakon significa asimismo bebida encantadora y droga alucinógena.

https://www.pagina12.com.ar/271244-el-eterno-retorno

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