Esther Díaz

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Escribió sobre la mujer y el patriarcado

Michel Foucault y el cofre de la sexualidad

Llega un nuevo conjunto de escritos inéditos del filósofo francés. Un libro que bien podría ser una precuela de su obra clave: “Historia de la sexualidad”.

Michel Foucault poses en el Museo Rodin, Paris, mayo de 1984. Foto: AFP/ MICHELE BANCILHON

28/06/2020 - 12:06

Clarín.com  Revista Ñ  Ideas

Abrir este libro es como abrir un cofre secreto que nos prohibían mirar. El filósofo no publicó los apuntes de las clases que aparecen en Michel Foucault. La sexualidad (Siglo XXI, 2020). En realidad, nunca publicó sus clases. Pero hoy se conocen nuevos apuntes de los 60, en forma de libro. Esquemas y comentarios escritos hace tiempo y allá lejos por quien dijo “no quiero publicaciones póstumas”.

¿Qué hay en el cofre prohibido? Placer y añoranza. Se extraña el vuelo literario de cuando Foucault publicaba en vida. Pero además de conceptos ya conocidos, se encuentran perlas escondidas entre las clasificaciones del arcón. Su lectura es una invitación a la cocina de Foucault. Hay conceptos no dichos más allá de lo docente, también un pormenorizado análisis de la biología relacionada con la sexualidad y –entre otras delicadezas– ideas que eclosionaron y se publicaron más tarde en Las palabras y las cosas, en 1966, y en La voluntad de saber. Historia de la sexualidad I, en 1976.

La crítica psicoanalítica cuestionó las tesis del primer tomo de la historia de la sexualidad con una saña digna de intelectuales. Foucault sufrió. Se sintió malinterpretado y se retiró durante un año de la actividad académica. La importancia otorgada al tema analítico, hizo que no se reparara que, justamente en La voluntad de saber, se publicó (por primera vez en forma de libro), una síntesis del fértil concepto de biopolítica. A nivel masivo ese concepto se descubrió tardíamente en los noventa, a raíz de la publicación póstuma de los seminarios en el Collège de France.

Pero retomemos el arca violada y veamos algunos de sus tesoros. Las utopías sexuales decimonónicas tardías repercutieron en prácticas reales y produjeron una torsión cultural reverberante. Aparece en estas clases un concepto crucial: la heterotopía como forma espacial y simbólica de la utopía. Una categoría que –como muchas otras de este pensador– atravesó los muros de la filosofía.

Michel Foucault.

Michel Foucault.

La arquitectura, pongamos por caso, la incorporó a su acervo. Las heterotopías son lugares reales y se sustentan en estructuras ideológicas. Constituyen un elemento intermedio, como catalizador de la ideología de las instituciones. Otros lugares, otros espacios. Impugnaciones míticas y reales de espacialidades habitadas. Los jardines, los cementerios, los asilos, los burdeles, las prisiones, el parque de diversiones, las ciudades de niños.

Los lugares en los que moramos no son neutros, no amamos sobre una hoja en blanco, dice Foucault (en un texto posterior a estas clases). Heterotopías son residencias móviles diferenciadas. Cuadriculados, recortados, delimitados, cines, bares, medios de transporte, aula, conjunto de actividades comunitarias o solitarias delimitadas. Microcosmos o burbujas ambientales.

Las heterotopías sexuales delimitan regiones de deseo: el convento por supresión, el prostíbulo por exaltación. La cárcel, los hoteles, el ejército, el club, las zonas privadas de reposo y recogimiento. También los contra-espacios. Esos que se crean para mitigar (o resistir a) las heterotopías establecidas: la casa en el árbol, el escondite infantil, los nidos de enamorados, los recovecos secretos. ¿Quién no recuerda –si busca en su niñez– algún espacio propio y diferente imaginado o habitado como refugio?

Foucault plantea dos interrogantes sobre el deseo, que son hitos en sus investigaciones. ¿Por qué nuestra cultura ha puesto tanto empeño en moralizar la sexualidad? ¿Es la sexualidad el pecado de una civilización laica? Y, fiel a su marco teórico, ofrece como respuesta genealogías históricas.

Se otorga especial atención a las expresiones literarias forjadoras de nuevas maneras de percibir el mundo. Veamos la sexualidad impugnada. Sade, donde el discurso se convierte en escándalo, le soltó las riendas al lenguaje soez del deseo. Incesto, homosexualidad, vejaciones, goce, muerte. Diferentes pliegues de la sexualidad. Pero Foucault no se conforma con el sexo sádico, analiza también la “lascivia” en los vegetales, el onanismo y la atracción por el mismo sexo en los animales. Transgéneros en todos los niveles.

La moralina y las exclusiones se ensañan con la sexualidad. No existe equivalente con otras apetencias, como la bebida o la comida. ¿Por qué socialmente se puede decir -sin ruborizarse “tengo hambre” o “tengo sed”, y sería violento decir “estoy caliente”? La sexualidad es el lugar central del hundimiento de la moral, dice Foucault, la única forma de tragedia de la que la subjetividad moderna sea capaz, el templo en ruinas donde se enfrentan indefinidamente los dioses que murieron hace tiempo y los profanadores que han dejado de creer en ellos, la actividad sexual humana es esencialmente transgresión. Y no puede ser de otra manera. Porque los hacedores de la moral sexual –medicina, pedagogía, religión, política, justicia, ejército– les imponen leyes externas (inventadas y moralizantes) a un acontecer biológico, psicológico, cultural y subjetivo como es la sexualidad.

El territorio mórbido de la sexualidad se pliega y despliega entre el cuerpo y la muerte. Se emparenta con la finitud. El orgasmo, en su exhalación final, emite un leve soplo aniquilante. Forma parte de la constitución del saber, incluso del científico. Intuimos corporalmente la muerte no solo por verla en otros, también por sus consecuencias en relación con la sexualidad: excitación, concepción, abortos, sensaciones liminares. Petite mort le dicen los franceses al orgasmo.

Esther DíazFoto: Alfredo Martínez

Esther Díaz Foto: Alfredo Martínez

El lenguaje está preñado de sexualidad o la sexualidad es lenguaje. Foucault ilustrará, a posteriori de estas clases, el devenir del sujeto de deseo a través de la historia. El libro aquí comentado registra el esbozo de la propuesta y el proyecto de esa crónica que quedará incompleta. (El filósofo pactó seis tomos, publicó tres y sus herederos publicaron póstumo el cuarto, contrariando la voluntad del autor).

La particularidad del enfoque estriba en destacar que toda la preocupación por el deseo ha entrañado fines normativos. Obedece a intereses de clase o económicos. El influjo de la ideología sobre un campo del saber-deseo epistemologizó la sexualidad. Se la controla mientras se la constituye. Al convertir la sexualidad en objeto de análisis la filosofía también entró en el agenciamiento productor de sexualidad. La modernidad instaura transformaciones. Las clases sociales poderosas gestionan un conjunto moral, jurídico, institucional y epistémico que intensifica sus fuerzas bajo el manto protector de la sexualidad moralizada. Demandas de clase disfrazadas de principios morales y lacayos que las defienden como si fueran propias.

El archivo histórico revela que el deseo surge desde el discurso de la sexualidad. Sociedad perversa. Castiga su propia invención, naturaliza la pobreza, moraliza las normas sociales, judicializa las singularidades comunitarias (nacimientos, matrimonios, fecundidad, mortalidad).

La situación de la mujer y el patriarcado son temas pocas veces tratados por el filósofo de manera explícita. En estas clases encontraron su lugar. Foucault, a comienzos de los sesenta, denunciaba la coacción a la mujer y señalaba los abusos del patriarcado. Descubría estrechas relaciones entre sexualidad y locura que, en el campo científico, estalló y se expandió con Freud.

Dicen que Alejandro Magno le reprochó a Aristóteles que hubiese publicado sus saberes, pues deseaba para sí la exclusividad de las enseñanzas del maestro. El sabio se defendió: “Mi tratado ha sido publicado y no publicado”. Lo expuesto no atesora todo el saber, es una orientación que debe ser completada, como Michel Foucault. La sexualidad, el libro que contiene clases publicadas y no publicadas. Leerlas es una manera atractiva de comenzar a completarlas.

Esther Díaz es filósofa y autora de Filósofa punk. Una memoria (Ariel/Planeta) y del reciente: Lo estético es político (Indie libros)

https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/michel-foucault-cofre-sexualidad_0_WZs-MNmoT.html

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